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La receta la firman los jueces

farmacity-jujuyLa Cámara Civil y Comercial Federal declaró la nulidad de una resolución de la Comisión de Defensa de la Competencia, que obligaba a Farmacity a cesar con la dispensa de medicamentos de venta libre. El Tribunal argumentó que la CNDC no se podía tomar esa atribución, ya que era “inherente al ejercicio de la función jurisdiccional que compete a los jueces”.

La Comisión Nacional de Defensa de la Competencia, ante una denuncia formulada por la Confederación Argentina Farmacéutica, dictó la Resolución CNDC N° 1/13.

Mediante la misma, le ordenó a Farmacity “que cesara inmediatamente la dispensa de medicamentos de venta libre en cualquier lugar que no fuese un mostrador y a través de farmacéuticos o personas autorizadas, conforme con la ley 26.567, modificatoria de la ley 17.565 de Farmacias”.

 

El ente regulador fundamentó el dictado de la medida en que “el dispendio de medicamentos de venta libre constituye un elemento de relevancia para la salud pública y que, por lo tanto, un potencial daño a la misma repercutiría de manera negativa en el bienestar de la ciudadanía”.

Ello dio origen al expediente “Farmacity S.A. s/ apel. resol. Comisión Nacional Defensa de la Competencia”, en el que la actora apeló el pronunciamiento ante la justicia civil y comercial federal.

A tal efecto, sostuvo que la CNDC era incompetente para dictar esa medida,  que los hechos descriptos en el acto administrativo no se subsumían “en ninguna infracción de la ley 25.156”, y que la Comisión “en lugar de identificar una conducta anticompetitiva o de abuso de posición dominante, se limita a discurrir en generalidades respecto de cuestiones ajenas a la defensa de la competencia ventiladas en distintos procesos judiciales”.

Por último, solicitó que el recurso interpuesto sea dado con  efecto suspensivo, ya que la medida dictada “le ocasiona un gravamen al modificar la modalidad de comercialización de medicamentos y privarla de la revisión judicial oportuna”, y planteó la inconstitucionalidad de los arts. 35 y 52, de la ley de Defensa de la Competencia.

En el medio de estos acontecimientos, se presentó la COFA, y solicitó que se declarara la incompetencia de la justicia civil y comercial federal, y que pasen los autos a entendimiento de la justicia en lo penal económico, dada la naturaleza penal de la Ley de Defensa de la Competencia.

La causa se elevó a la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal, y la Sala III de ese cuerpo, integrada por los jueces Ricardo Recondo, Graciela Medina y Guillermo Antelo, determinó que ese Tribunal era competente para las actuaciones, otorgó efecto suspensivo al recurso interpuesto por farmacity, y declaró la nulidad de la Resolución impugnada.

Para determinar su competencia, la Cámara alegó la exitencia del Decreto 89/01 que establecía que su fuero era competente para entender en conflictos de la índole del caso y rechazó el argumento de la COFA acerca de que la Corte Suprema había establecido la competencia de la justicia en lo penal económico para esta clase de conflictos.

En cuanto a la solicitud de efecto suspensivo y los planteos de inconstitucionalidad, el Tribunal estimó que la medida tomada por la CNDC importaba el ejercicio “de una típica función jurisdiccional que por haber sido dictada por un órgano administrativo incompetente y por el efecto devolutivo con que se concedió el recurso, afecta la garantía del debido proceso y defensa en juicio, pues priva a la destinataria de la revisión judicial oportuna”.

De modo que en el caso concreto, se entendió que el efecto devolutivo previsto para el recurso de apelación en los arts. 35 y 52 de la ley 25.156, no era compatible con las garantías de defensa en juicio y debido proceso, “en la medida en que no asegura en forma suficiente el control judicial del acto dictado por un órgano que integra la Administración Pública”.

Finalmente, el pedido de nulidad que recayó sobre la resolución, también tuvo acogida favorable por parte de la Alzada.

En efecto, el Tribunal consideró que no se juzgaba “la facultad otorgada en el art. 35 de la LDC al TNDC, sino la invocación de esa disposición por la CNDC como órgano que integra la autoridad de aplicación del derogado régimen de la ley 22.262”.

Sobre esa base, entendieron los jueces que “las garantías constitucionales como las del debido proceso y de la defensa en juicio, son de inexcusable observancia en todo tipo de actuaciones, inclusive en los procedimientos administrativos”.

Por lo cual “la necesidad de una resolución válida -en cuanto a sus formas esenciales- es un requisito del cual este Tribunal no puede prescindir en el control judicial que le ha sido asignado en la LDC “.

De esta manera, los magistrados recordaron que “mientras rija el sistema de transitoriedad previsto en el art. 58 de la LDC, dicha autoridad comprende a la CNDC -con facultades de instrucción y de asesoramiento-, y al órgano ejecutivo de la cartera económica al que, según su estructura organizativa, le corresponda la facultad resolutoria a través del dictado de los actos pertinentes”, en referencia al Tribunal de Defensa de la Competencia (que aún no fue creado).

Mas allá de que ese argumento era suficiente para declarar la nulidad, los magistrados agregaron otros fundamentos para el dictado del fallo, consistentes en que “la facultad de dictar medidas cautelares en el marco de un proceso es inherente al ejercicio de la función jurisdiccional que compete a los jueces”, lo que no ocurría en el caso de la CNDC, un organismo administrativo.

Por ese motivo, el fallo expresó que “el Congreso de la Nación atribuyó la potestad de dictar medidas cautelares al TNDC, previsto en esa misma ley como un tribunal administrativo autárquico, con garantías de independencia en cuanto a su conformación y funcionamiento (Cap.IV de la ley 25.156), lo cual impide asimilarlo, en esos aspectos, a la autoridad de aplicación de la anterior ley 22.262”.

Consecuentemente, se indicó que “el art. 58 de ley 25.156, incorporado como una mera disposición transitoria hasta la creación del TNDC (Cap. X), no puede ser invocado por el organismo administrativo subsistente a su amparo -transcurridos casi catorce años de sancionada la ley- para sostener que la facultad jurisdiccional de dictar medidas precautorias, otorgada por el legislador a aquél tribunal, le hubiese sido expresamente delegada, transferida o asignada”.

De lo que se concluyó que la CNDC no estaba facultada para el dictamen de la medida cautelar, y por ello la Cámara se inclinó por decretar la nulidad de la resolución.

Diario Judicial

La producción estatal de medicamentos en la Argentina

IsturizPor Martín A. Isturiz – Investigador Superior del CONICET, Jefe de Inmunología Básica del Instituto de Investigaciones Hematológicas, Academia Nacional de Medicina

La producción pública de medicamentos es un área estratégica de la salud. Cómo fue su desarrollo en nuestro país, en qué situación se encuentra hoy, y cuáles son los caminos a seguir.

Si partimos del concepto básico de que la salud es un derecho, el medicamento deja de ser una mercancía para constituirse en un bien social y, en consecuencia, su accesibilidad por todos los habitantes de nuestro país debe estar garantizada por el Estado.

En un marco de esas características la Producción Pública de Medicamentos (PPM) es, sin lugar a dudas, un área estratégica en salud, y es lo que intentaré fundamentar en este artículo.

Las políticas nacionales de los últimos cuarenta años relacionadas con el abastecimiento de medicamentos a la población –cuando las hubo– para resolver necesidades sociales se llevaron a cabo, fundamentalmente, a través de la compra de los mismos, no de la producción. Un ejemplo de ello, en los últimos años, se expresa en el programa Remediar, un plan implementado a partir de octubre de 2002 hasta la fecha (actualmente denominado Remediar + Redes), y pensado para abastecer a 15 millones de personas en estado de desamparo y sin cobertura social.

Así, el Remediar se pudo implementar en los primeros cuatro años (2002-2006) con fondos provenientes de un préstamo del BID por 140 millones de dólares, más 90 millones de dólares aportados por el Estado nacional. Más allá de las críticas que se le hicieron oportunamente, sobre todo desde el punto de vista operativo, desde lo conceptual el plan Remediar fue importante para resolver la coyuntura de la crisis iniciada en el año 2001. De esa manera, se cubrió la necesidad de medicamentos de amplias franjas sociales recurriendo a la compra de medicamentos a través de una acción asistencialista rápida.

Por otra parte, la compra de medicamentos a través del Remediar fue un aliciente económico a las empresas farmacéuticas, que venían con caída de ventas por la crisis de fines de la década de los ’90. Sin embargo, para que la cobertura en medicamentos fuera sustentable en el tiempo, activar la PPM era una decisión paralela e insoslayable que debería haberse tomado por parte del Estado, para no perder de vista que el abastecimiento a través de la compra era un hecho circunstancial. Si bien se insinuaron algunas medidas en ese sentido, como veremos más adelante, luego de algunas vacilaciones, finalmente desde el Estado se persistió en la compra, que es la política actual.

Los funcionarios que han alentado o promovido la compra de medicamentos por licitación para atender necesidades sociales, suelen fundamentar su posición en que esa propuesta impulsa el desarrollo de la industria farmacéutica privada local y que, complementada con otras medidas como la prescripción por nombre genérico, o eventuales acuerdos de precios con los laboratorios, forman o constituyen un proyecto razonable y adecuado.

Obviamente, estas medidas contaron con el beneplácito implícito de las cámaras empresarias que reúnen a las empresas farmacéuticas, hoy ya estabilizadas por la recuperación del mercado interno, a lo que debe sumarse los alrededor de 700 millones de dólares anuales facturados por exportaciones (año 2009).

Por otra parte, los laboratorios de capitales argentinos nucleados mayoritariamente en la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (CILFA) y en la Cámara Empresaria de la Laboratorios Farmacéuticos (Cooperala), consideran que el Estado debe intervenir sólo en la regulación de su actividad pero sin entrar en el terreno de la producción pública, a la que consideran con escasos recursos tecnológicos, o que no reúnen las condiciones establecidas por el organismo regulatorio a nivel nacional, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), entre otras cosas.

Sin embargo, y más allá de eventuales intereses sectoriales, la implementación de políticas públicas en medicamentos basadas esencialmente en la compra de los mismos, difícilmente pueda ser sustentable en el tiempo, por diferentes razones. Más aún, eso significa tener una mirada corta del problema, no una concepción estratégica.

En principio porque las empresas farmacéuticas locales, como en todo el mundo, no forman sus precios sobre una estructura de costos sino que se rigen por valores de mercado, espacio en el cual la industria farmacéutica, altamente oligopólica o monopólica, tiende a prácticas colusivas y no de competencia, en donde la cartelización de precios es moneda corriente.

Tampoco se tiene en cuenta la alta extranjerización actual de la economía argentina que, eventualmente, podría concluir en que una pujante industria nacional pasara a manos de multinacionales del sector, hecho frecuente en el rubro farmacéutico y que, de ocurrir, como país quedaríamos totalmente desguarnecidos y en un marco en donde el gasto en medicamentos se podría incrementar a niveles impredecibles. Además, en nuestro país, a pesar de tener un mercado interno de 4.350 millones de dólares, el sector tiene una balanza comercial desfavorable actual de 1.300 millones de dólares, en donde las importaciones de principios activos crecieron 60 por ciento entre 2003 y 2010, mientras que los medicamentos lo hicieron un 229 por ciento, como lo afirmó recientemente la ministra de Industria, Débora Giorgi.

Por otra parte, los laboratorios privados no producen medicamentos de reconocida acción terapéutica, aunque de escasa rentabilidad, como los denominados “huérfanos”, que se utilizan en el tratamiento del mal de Chagas, la hidatidosis o la tuberculosis, por mencionar algunos casos. Obviamente, su objetivo no es priorizar la función social de los mismos, sino obtener la máxima ganancia en el menor tiempo posible. Entonces, optan por otros nichos más redituables, o por la exportación. Así, debido a los vientos favorables en sus exportaciones, hoy están dejando de licitar para el plan Remediar, espacio que viene siendo ocupado por empresas de origen indio y peruano, muchas veces ligadas a multinacionales del sector.

Esa concepción de abastecer de medicamentos para resolver necesidades sociales a través de la compra tampoco tiene en cuenta que los medicamentos, vacunas e insumos médicos es un área particular cuya dinámica necesita de investigación y desarrollo permanente. Sin embargo, en el amplio espectro de alrededor de 150 laboratorios farmacéuticos privados de capitales argentinos, salvo en 3 o 4 de ellos, no se hace investigación ni desarrollo. Y los que lo hacen es, obviamente, en temas muy acotados a sus líneas terapéuticas. Pero la gran mayoría de ellos sólo compran materia prima a granel, manufacturan copias y comercializan. Estas políticas, a largo plazo, son letales tanto para el sector de producción pública como para el privado, porque no se plantean intentar cerrar el círculo que va desde la producción de principios activos hasta el medicamento.

Entonces, establecer políticas públicas de abastecimiento de medicamentos para planes sociales direccionadas sobre el eje de la compra, las vuelve muy vulnerables al significativo poder de las grandes empresas farmacéuticas y a los avatares de una economía de “mercado”.

Una alternativa real a las políticas de compra de medicamentos consiste en la utilización de la capacidad instalada existente en el sector público y que se expresa en los laboratorios de PPM que hay en nuestro país.

Estos laboratorios surgieron en distintas épocas y lugares como una consecuencia de bajos presupuestos para adquirir medicamentos. Por esa razón son de distinta complejidad y diferentes potencialidades, debido a que se crearon para resolver problemáticas de distinta envergadura localizadas en el ámbito nacional, en el provincial o el municipal.

Hoy en el país contamos con 39 laboratorios de PPM que se localizan en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en 12 provincias (Córdoba, San Luis, Buenos Aires, Santa Fe, Formosa, Misiones, La Pampa, Río Negro, Tucumán, Corrientes, Chaco y Mendoza).

Partiendo de la base de que los laboratorios de PPM debían tener un mayor protagonismo en salud, en setiembre de 2007 se formó una Red Nacional de Laboratorios de PPM (RELAP), constituida por alrededor de 25 laboratorios públicos y en donde el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) actuaba como soporte tecnológico en alrededor de 30 rubros como control de calidad, modernización tecnológica, actualización de procesos industriales, control de materias primas y análisis de costos, calibración de equipos, por mencionar algunos.

Ese proyecto que, obviamente, contaba con el aval de los laboratorios públicos, tenía entre sus principales promotores a la Dirección Nacional de Programas y Proyectos Especiales de la entonces Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (SeCyT), el INTI y la Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Además, contaba con el apoyo político de la Multisectorial por la PPM, un colectivo constituido por 67 organizaciones de distinto origen (político, social, gremial, académico, científico, tecnológico).

Ese proyecto, fundamentado y construido desde una base racional, que además contemplaba la vinculación con universidades nacionales y organismos de CyT como instrumentos para articular producción de medicamentos con investigación y desarrollo en áreas en las que se considerara necesario, fue tomado orgánicamente por el Ministerio de Salud para implementar su “Programa para la Producción Pública de Medicamentos, Vacunas, y Productos Médicos” (Resol. 286/2008).

Este programa tuvo un despegue prometedor a mediados de 2008 (gestión de la ministra Ocaña), en donde ante una solicitud del Ministerio de Salud de la Nación para el programa Remediar, cuatro laboratorios públicos (LIF de Santa Fe, LEM de Rosario, Laboratorios Puntanos de San Luis y Laformed de Formosa) produjeron 40 millones de comprimidos en cinco especialidades medicinales diferentes, hecho que hablaba de la versatilidad y de la capacidad potencial de los mismos.

Sin embargo, esto fue fugaz y ese programa del Ministerio de Salud, inexplicablemente, fue desactivado de hecho a mediados de 2009 por parte de otras autoridades del Ministerio de Salud de la Nación (gestión del ministro Manzur), sin ninguna causa que lo justificara.

En sus considerandos, ese programa del Ministerio de Salud consideraba estratégica la PPM. Pero a pesar de las normativas tan claras y precisas de esa Res. 286/2008, como mencionamos anteriormente, las conductas fueron erráticas cuando no opuestas. En efecto, el programa se activó y se desactivó, llamativamente, durante la gestión de gobierno de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner.

Ante la desidia o desinterés por parte del Ministerio de Salud de la Nación de continuar con el programa, hoy es fundamental que los laboratorios de PPM, en la medida en que sus jurisdicciones los habiliten, se fortalezcan a través de intercambio de medicamentos entre provincias, o del abastecimiento a aquellas regiones en donde no hay laboratorios de PPM. Porque hay normativas de la ANMAT que permiten hacer esto y, por suerte, algo está sucediendo a través de la firma de convenios interprovinciales

Así, en algunas provincias, como por ejemplo San Luis y Río Negro, la PPM ha alcanzado niveles significativos de abastecimiento a través de sus laboratorios públicos, Laboratorios Puntanos y Prozome, respectivamente.

Pero quizás el caso más paradigmático de valorización de la PPM como un instrumento fundamental en salud se observa en la provincia de Santa Fe, en donde ha habido una clara visión estratégica acerca del tema, y en donde la PPM reviste las características de una política de Estado, obviamente a nivel provincial. Estas políticas se apoyan, esencialmente, en dos laboratorios: el LIF (Laboratorios de Industria Farmacéutica, de la ciudad de Santa Fe), y el LEM (Laboratorios de Especialidades Medicinales, de la ciudad de Rosario) que, juntos, abastecen del 94 por ciento de las necesidades de medicamentos para atención primaria de la salud y producen el 66 por ciento del consumo total de la provincia de Santa Fe.

Sintetizando, consideramos que frente a la necesidad social del acceso a los medicamentos, hay dos alternativas:

1) Abastecer de medicamentos a hospitales, centros de salud, dispensarios, etc., a través de la compra.

2) Abastecerse recurriendo a los laboratorios de PPM.

Para analizar esta disyuntiva, veamos las consecuencias inmediatas que surgirían de tomar una, u otra decisión.

Las consecuencias de priorizar la compra son:

No utilizar la capacidad instalada existente. No hacer desarrollos nacionales ni regionales. Seguir en la dependencia interna o externa. No tener un instrumento para establecer precios testigo sobre la base de costos. No hacer investigación ni desarrollos, entre otras cosas.

Por otra parte, abastecerse a través de la PPM implica:

Utilizar la capacidad instalada de los 39 laboratorios de PPM que hay en el país y del INTI como soporte tecnológico. Resolver el problema de los medicamentos “huérfanos”. Utilizar el conocimiento para hacer investigación y desarrollo a través de convenios con universidades y organismos de ciencia y tecnología, para hacer síntesis de principios activos, producción de proteínas de uso terapéutico por ingeniería genética, etc. Hacer estudios de biodisponibilidad, bioequivalencia, farmacovigilancia. Centralizar las compras para obtener mejores precios en insumos y coordinación en la producción nacional sin que los laboratorios dejen de atender necesidades regionales. Generar un instrumento formidable (la PPM) para la negociación y para establecer precios testigo sobre la base de estructuras de costos y no de “mercado”.

Además, como los laboratorios públicos están radicados en 12 provincias y la CABA, el desarrollo de un proyecto nacional de PPM implicaría potentes desarrollos regionales, entre otras virtudes.

Por otro lado, la PPM es, esencialmente, un proyecto de carácter integral e interdisciplinario que, obviamente, necesita del aporte de distintas ramas del conocimiento (medicina, química, ingenierías, biología, bioquímica, tecnología, etc.). En consecuencia, la activación de un proyecto con estas características tendría un fuerte impacto sobre el sector científico-tecnológico, hoy llamativamente aislado de las problemáticas nacionales y poco útil.

Así, la articulación de proyectos de los laboratorios de PPM con universidades u organismos de CyT conduciría a resolver, o atenuar, el problema de la fragmentación institucional del sector científico-tecnológico, a expandir a un sector que podría absorber recursos humanos calificados y nos daría soberanía tecnológica en el sector, todos ellos problemas estructurales que es necesario corregir para generar un verdadero sistema de ciencia y tecnología, que hoy no tenemos.

En conclusión, partiendo de la base de la utilización social del conocimiento (en este caso para la PPM), podríamos resolver problemáticas propias, generar inclusión social y expandir el área tecnológica sobre bases genuinas, aspectos fundamentales para empezar a construir soberanía en salud así como en ciencia y tecnología.

Si partimos del concepto básico de que la salud es un derecho, el medicamento deja de ser una mercancía para constituirse en un bien social y, en consecuencia, su accesibilidad por todos los habitantes de nuestro país debe estar garantizada por el Estado.

En un marco de esas características la Producción Pública de Medicamentos (PPM) es, sin lugar a dudas, un área estratégica en salud, y es lo que intentaré fundamentar en este artículo.

Las políticas nacionales de los últimos cuarenta años relacionadas con el abastecimiento de medicamentos a la población –cuando las hubo– para resolver necesidades sociales se llevaron a cabo, fundamentalmente, a través de la compra de los mismos, no de la producción. Un ejemplo de ello, en los últimos años, se expresa en el programa Remediar, un plan implementado a partir de octubre de 2002 hasta la fecha (actualmente denominado Remediar + Redes), y pensado para abastecer a 15 millones de personas en estado de desamparo y sin cobertura social.

Así, el Remediar se pudo implementar en los primeros cuatro años (2002-2006) con fondos provenientes de un préstamo del BID por 140 millones de dólares, más 90 millones de dólares aportados por el Estado nacional. Más allá de las críticas que se le hicieron oportunamente, sobre todo desde el punto de vista operativo, desde lo conceptual el plan Remediar fue importante para resolver la coyuntura de la crisis iniciada en el año 2001. De esa manera, se cubrió la necesidad de medicamentos de amplias franjas sociales recurriendo a la compra de medicamentos a través de una acción asistencialista rápida.

Por otra parte, la compra de medicamentos a través del Remediar fue un aliciente económico a las empresas farmacéuticas, que venían con caída de ventas por la crisis de fines de la década de los ’90. Sin embargo, para que la cobertura en medicamentos fuera sustentable en el tiempo, activar la PPM era una decisión paralela e insoslayable que debería haberse tomado por parte del Estado, para no perder de vista que el abastecimiento a través de la compra era un hecho circunstancial. Si bien se insinuaron algunas medidas en ese sentido, como veremos más adelante, luego de algunas vacilaciones, finalmente desde el Estado se persistió en la compra, que es la política actual.

Los funcionarios que han alentado o promovido la compra de medicamentos por licitación para atender necesidades sociales, suelen fundamentar su posición en que esa propuesta impulsa el desarrollo de la industria farmacéutica privada local y que, complementada con otras medidas como la prescripción por nombre genérico, o eventuales acuerdos de precios con los laboratorios, forman o constituyen un proyecto razonable y adecuado.

Obviamente, estas medidas contaron con el beneplácito implícito de las cámaras empresarias que reúnen a las empresas farmacéuticas, hoy ya estabilizadas por la recuperación del mercado interno, a lo que debe sumarse los alrededor de 700 millones de dólares anuales facturados por exportaciones (año 2009).

Por otra parte, los laboratorios de capitales argentinos nucleados mayoritariamente en la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (CILFA) y en la Cámara Empresaria de la Laboratorios Farmacéuticos (Cooperala), consideran que el Estado debe intervenir sólo en la regulación de su actividad pero sin entrar en el terreno de la producción pública, a la que consideran con escasos recursos tecnológicos, o que no reúnen las condiciones establecidas por el organismo regulatorio a nivel nacional, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), entre otras cosas.

Sin embargo, y más allá de eventuales intereses sectoriales, la implementación de políticas públicas en medicamentos basadas esencialmente en la compra de los mismos, difícilmente pueda ser sustentable en el tiempo, por diferentes razones. Más aún, eso significa tener una mirada corta del problema, no una concepción estratégica.

En principio porque las empresas farmacéuticas locales, como en todo el mundo, no forman sus precios sobre una estructura de costos sino que se rigen por valores de mercado, espacio en el cual la industria farmacéutica, altamente oligopólica o monopólica, tiende a prácticas colusivas y no de competencia, en donde la cartelización de precios es moneda corriente.

Tampoco se tiene en cuenta la alta extranjerización actual de la economía argentina que, eventualmente, podría concluir en que una pujante industria nacional pasara a manos de multinacionales del sector, hecho frecuente en el rubro farmacéutico y que, de ocurrir, como país quedaríamos totalmente desguarnecidos y en un marco en donde el gasto en medicamentos se podría incrementar a niveles impredecibles. Además, en nuestro país, a pesar de tener un mercado interno de 4.350 millones de dólares, el sector tiene una balanza comercial desfavorable actual de 1.300 millones de dólares, en donde las importaciones de principios activos crecieron 60 por ciento entre 2003 y 2010, mientras que los medicamentos lo hicieron un 229 por ciento, como lo afirmó recientemente la ministra de Industria, Débora Giorgi.

Por otra parte, los laboratorios privados no producen medicamentos de reconocida acción terapéutica, aunque de escasa rentabilidad, como los denominados “huérfanos”, que se utilizan en el tratamiento del mal de Chagas, la hidatidosis o la tuberculosis, por mencionar algunos casos. Obviamente, su objetivo no es priorizar la función social de los mismos, sino obtener la máxima ganancia en el menor tiempo posible. Entonces, optan por otros nichos más redituables, o por la exportación. Así, debido a los vientos favorables en sus exportaciones, hoy están dejando de licitar para el plan Remediar, espacio que viene siendo ocupado por empresas de origen indio y peruano, muchas veces ligadas a multinacionales del sector.

Esa concepción de abastecer de medicamentos para resolver necesidades sociales a través de la compra tampoco tiene en cuenta que los medicamentos, vacunas e insumos médicos es un área particular cuya dinámica necesita de investigación y desarrollo permanente. Sin embargo, en el amplio espectro de alrededor de 150 laboratorios farmacéuticos privados de capitales argentinos, salvo en 3 o 4 de ellos, no se hace investigación ni desarrollo. Y los que lo hacen es, obviamente, en temas muy acotados a sus líneas terapéuticas. Pero la gran mayoría de ellos sólo compran materia prima a granel, manufacturan copias y comercializan. Estas políticas, a largo plazo, son letales tanto para el sector de producción pública como para el privado, porque no se plantean intentar cerrar el círculo que va desde la producción de principios activos hasta el medicamento.

Entonces, establecer políticas públicas de abastecimiento de medicamentos para planes sociales direccionadas sobre el eje de la compra, las vuelve muy vulnerables al significativo poder de las grandes empresas farmacéuticas y a los avatares de una economía de “mercado”.

Una alternativa real a las políticas de compra de medicamentos consiste en la utilización de la capacidad instalada existente en el sector público y que se expresa en los laboratorios de PPM que hay en nuestro país.

Estos laboratorios surgieron en distintas épocas y lugares como una consecuencia de bajos presupuestos para adquirir medicamentos. Por esa razón son de distinta complejidad y diferentes potencialidades, debido a que se crearon para resolver problemáticas de distinta envergadura localizadas en el ámbito nacional, en el provincial o el municipal.

Hoy en el país contamos con 39 laboratorios de PPM que se localizan en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en 12 provincias (Córdoba, San Luis, Buenos Aires, Santa Fe, Formosa, Misiones, La Pampa, Río Negro, Tucumán, Corrientes, Chaco y Mendoza).

Partiendo de la base de que los laboratorios de PPM debían tener un mayor protagonismo en salud, en setiembre de 2007 se formó una Red Nacional de Laboratorios de PPM (RELAP), constituida por alrededor de 25 laboratorios públicos y en donde el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) actuaba como soporte tecnológico en alrededor de 30 rubros como control de calidad, modernización tecnológica, actualización de procesos industriales, control de materias primas y análisis de costos, calibración de equipos, por mencionar algunos.

Ese proyecto que, obviamente, contaba con el aval de los laboratorios públicos, tenía entre sus principales promotores a la Dirección Nacional de Programas y Proyectos Especiales de la entonces Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (SeCyT), el INTI y la Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Además, contaba con el apoyo político de la Multisectorial por la PPM, un colectivo constituido por 67 organizaciones de distinto origen (político, social, gremial, académico, científico, tecnológico).

Ese proyecto, fundamentado y construido desde una base racional, que además contemplaba la vinculación con universidades nacionales y organismos de CyT como instrumentos para articular producción de medicamentos con investigación y desarrollo en áreas en las que se considerara necesario, fue tomado orgánicamente por el Ministerio de Salud para implementar su “Programa para la Producción Pública de Medicamentos, Vacunas, y Productos Médicos” (Resol. 286/2008).

Este programa tuvo un despegue prometedor a mediados de 2008 (gestión de la ministra Ocaña), en donde ante una solicitud del Ministerio de Salud de la Nación para el programa Remediar, cuatro laboratorios públicos (LIF de Santa Fe, LEM de Rosario, Laboratorios Puntanos de San Luis y Laformed de Formosa) produjeron 40 millones de comprimidos en cinco especialidades medicinales diferentes, hecho que hablaba de la versatilidad y de la capacidad potencial de los mismos.

Sin embargo, esto fue fugaz y ese programa del Ministerio de Salud, inexplicablemente, fue desactivado de hecho a mediados de 2009 por parte de otras autoridades del Ministerio de Salud de la Nación (gestión del ministro Manzur), sin ninguna causa que lo justificara.

En sus considerandos, ese programa del Ministerio de Salud consideraba estratégica la PPM. Pero a pesar de las normativas tan claras y precisas de esa Res. 286/2008, como mencionamos anteriormente, las conductas fueron erráticas cuando no opuestas. En efecto, el programa se activó y se desactivó, llamativamente, durante la gestión de gobierno de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner.

Ante la desidia o desinterés por parte del Ministerio de Salud de la Nación de continuar con el programa, hoy es fundamental que los laboratorios de PPM, en la medida en que sus jurisdicciones los habiliten, se fortalezcan a través de intercambio de medicamentos entre provincias, o del abastecimiento a aquellas regiones en donde no hay laboratorios de PPM. Porque hay normativas de la ANMAT que permiten hacer esto y, por suerte, algo está sucediendo a través de la firma de convenios interprovinciales

Así, en algunas provincias, como por ejemplo San Luis y Río Negro, la PPM ha alcanzado niveles significativos de abastecimiento a través de sus laboratorios públicos, Laboratorios Puntanos y Prozome, respectivamente.

Pero quizás el caso más paradigmático de valorización de la PPM como un instrumento fundamental en salud se observa en la provincia de Santa Fe, en donde ha habido una clara visión estratégica acerca del tema, y en donde la PPM reviste las características de una política de Estado, obviamente a nivel provincial. Estas políticas se apoyan, esencialmente, en dos laboratorios: el LIF (Laboratorios de Industria Farmacéutica, de la ciudad de Santa Fe), y el LEM (Laboratorios de Especialidades Medicinales, de la ciudad de Rosario) que, juntos, abastecen del 94 por ciento de las necesidades de medicamentos para atención primaria de la salud y producen el 66 por ciento del consumo total de la provincia de Santa Fe.

Sintetizando, consideramos que frente a la necesidad social del acceso a los medicamentos, hay dos alternativas:

1) Abastecer de medicamentos a hospitales, centros de salud, dispensarios, etc., a través de la compra.

2) Abastecerse recurriendo a los laboratorios de PPM.

Para analizar esta disyuntiva, veamos las consecuencias inmediatas que surgirían de tomar una, u otra decisión.

Las consecuencias de priorizar la compra son:

No utilizar la capacidad instalada existente. No hacer desarrollos nacionales ni regionales. Seguir en la dependencia interna o externa. No tener un instrumento para establecer precios testigo sobre la base de costos. No hacer investigación ni desarrollos, entre otras cosas.

Por otra parte, abastecerse a través de la PPM implica:

Utilizar la capacidad instalada de los 39 laboratorios de PPM que hay en el país y del INTI como soporte tecnológico. Resolver el problema de los medicamentos “huérfanos”. Utilizar el conocimiento para hacer investigación y desarrollo a través de convenios con universidades y organismos de ciencia y tecnología, para hacer síntesis de principios activos, producción de proteínas de uso terapéutico por ingeniería genética, etc. Hacer estudios de biodisponibilidad, bioequivalencia, farmacovigilancia. Centralizar las compras para obtener mejores precios en insumos y coordinación en la producción nacional sin que los laboratorios dejen de atender necesidades regionales. Generar un instrumento formidable (la PPM) para la negociación y para establecer precios testigo sobre la base de estructuras de costos y no de “mercado”.

Además, como los laboratorios públicos están radicados en 12 provincias y la CABA, el desarrollo de un proyecto nacional de PPM implicaría potentes desarrollos regionales, entre otras virtudes.

Por otro lado, la PPM es, esencialmente, un proyecto de carácter integral e interdisciplinario que, obviamente, necesita del aporte de distintas ramas del conocimiento (medicina, química, ingenierías, biología, bioquímica, tecnología, etc.). En consecuencia, la activación de un proyecto con estas características tendría un fuerte impacto sobre el sector científico-tecnológico, hoy llamativamente aislado de las problemáticas nacionales y poco útil.

Así, la articulación de proyectos de los laboratorios de PPM con universidades u organismos de CyT conduciría a resolver, o atenuar, el problema de la fragmentación institucional del sector científico-tecnológico, a expandir a un sector que podría absorber recursos humanos calificados y nos daría soberanía tecnológica en el sector, todos ellos problemas estructurales que es necesario corregir para generar un verdadero sistema de ciencia y tecnología, que hoy no tenemos.

En conclusión, partiendo de la base de la utilización social del conocimiento (en este caso para la PPM), podríamos resolver problemáticas propias, generar inclusión social y expandir el área tecnológica sobre bases genuinas, aspectos fundamentales para empezar a construir soberanía en salud así como en ciencia y tecnología.

Voces en el Fénix

Biotecnológicos: esperanzas y desafíos de la última generación en medicamentos

MEDICA~1Abren nuevas posibilidades para enfermedades graves como el cáncer. Costo, terapias innovadoras y forma de administración, entre los principales retos.

Allá lejos y hace tiempo, ante un malestar, dolencia o enfermedad grave el intento de alivio o solución se buscaba siempre en el mismo lugar: plantas, yuyos o árboles ofrecían una respuesta más o menos efectiva, según el caso. Ya a comienzos del siglo XX, los medicamentos obtenidos a través de la combinación de productos químicos condensaron la cura en pastillas, cápsulas, grageas, polvos y líquidos. En las últimas décadas, los biotecnológicos produjeron avances en la lucha contra enfermedades como diabetes, asma, cáncer y artritis reumatoidea, entre otras. Reciente en términos científicos, se trata de un área en desarrollo y expansión, que abre grandes esperanzas y está sometida a importantes desafíos.

El primer medicamento biotecnológico fue un viejo conocido por muchos, pero sobre todo por los pacientes con diabetes: la insulina. En 1982, se dejó de extraer de los chanchos y empezó a producirse en células en los laboratorios. A diferencia de los medicamentos de síntesis química (los tradicionales: ibuprofeno, por poner solo un ejemplo), los biofármacos tienen, como su nombre lo indica, un origen biológico: una célula o microorganismo que es modificada para producir una determinada proteína.

 

“Las ventajas para quienes trabajamos con estos sistemas son múltiples: los “reactores” (células) se multiplican solos millones de veces de forma idéntica, podemos reprogramar su información para que fabriquen los compuestos que deseamos y conservarlos inalterados casi indefinidamente”, explica a Clarín María Victoria Miranda, profesora asociada de la cátedra de Microbiología industrial y Biotecnología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (FFyB-UBA).

 

Otra de las ventajas que ofrecen es que permiten direccionar el tratamiento, minimizando así efectos adversos y toxicidad propia de otros medicamentos que repercuten en todo el organismo, como la quimioterapia, a la que, sin embargo, todavía no han reemplazado. “Sobre todo los anticuerpos monoclonales tienen una característica y es que son capaces de reconocer selectivamente una diana (célula blanco)”, apunta el doctor Fernando de Mora, del Departamento de Farmacología, Terapéutica y Toxicología de la Universidad Autónoma de Barcelona.

 

Recientemente, la FDA (Food and Drug Administration) de Estados Unidos aprobó uno de los avances más novedosos, considerado un hito por muchos: el T-DM1. Se trata de la combinación de un medicamento biotecnológico (un anticuerpo monoclonal) y uno de síntesis química unidos en una sola molécula. “Al anticuerpo monoclonal se le añaden unos medicamentos anticancerosos. ¿Y qué ocurre? Es capaz de identificar una diana (la célula cancerosa) y dirigir el medicamento hacia ella selectivamente. Se minimizan así efectos adversos (porque actúa sólo sobre el tejido dañado y no sobre el sano) y se optimiza su eficacia”, señala De Mora. Los resultados presentados mostraron que puede retrasar el agravamiento del cáncer de mama en pacientes con el tipo HER2 positivo, que representan el 20% de los casos.

 

Además de los anticuerpos monoclonales, que se unen a moléculas específicas y bloquean los efectos que producen enfermedades; entre los medicamentos biológicos también se inscriben las vacunas y las proteínas de fusión.

 

DESAFÍOS: COSTO, TERAPIAS Y ADMINISTRACIÓN

 

Una de las principales “contras” que enfrentan por estos días los biofármacos es su alto costo. Según fuentes de la industria, la producción de uno demanda alrededor de mil millones de dólares. El abaratamiento es, entonces, uno de los principales desafíos.

 

“Algo que disminuye muy rápidamente –en ocasiones- el costo es la entrada de biosimilares. Eso ayuda. Pero estas son dinámicas de mercado. Los laboratorios invierten mucho dinero en investigar y luego quieren recuperar ese dinero y generar beneficios. Lo que ha pasado en Europa es que la entrada de biosimilares ha llevado a disminuir los precios de algunos innovadores y además agiliza e incentiva el desarrollo de nuevos productos”, sostiene De Mora.

 

Vencida la patente de un producto innovador (el original), otros laboratorios pueden empezar a producir la misma molécula. Previa salida al mercado, debe pasar por estrictas pruebas que deberán demostrar su eficacia, su seguridad y su calidad. En la Argentina, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) demanda la presentación de documentación y una serie de datos, sumado a un ejercicio de comparabilidad que permita demostrar similar comportamiento en términos de identidad, potencia y perfil de pureza. “Y que el medicamento tomado como referente o comparador se encuentre autorizado y comercializado ampliamente en otro país o grupo de países cuyas funciones regulatorias, fiscalizadoras y marco normativo resulten acordes a nuestra legislación”, destacan desde el organismo.

 

De los alrededor de 100 medicamentos biotecnológicos autorizados por la Anmat, aproximadamente el 30% son de fabricación nacional. “El proceso de investigación y desarrollo sigue demandando una inversión extremadamente alta que por ahora continúa originándose mayoritariamente en laboratorios extranjeros. A pesar de esto, Argentina conserva un potencial gigantesco en lo académico para el desarrollo de esta tecnología y es este un importante punto de partida para plantear futuros emprendimientos y desafíos en el área”, considera Rodrigo Horacio González, de la cátedra de Microbiología industrial y Biotecnología de la FFyB-UBA.

 

Sobre esos desafíos, González y Miranda evaluaron: “El tratamiento de enfermedades que pueden encararse actualmente con moléculas obtenidas por biotecnología era hasta hace pocos años, impensable. Patologías que van desde enfermedades autoinmunes, psoriasis o ciertos tipos de cáncer pueden ser combatidas con anticuerpos monoclonales específicos o proteínas de fusión. Sin embargo, aún puede mejorarse la especificidad y seguridad de muchos de ellos, y su producción podrá abaratarse aún más, a valores asequibles por la mayoría de la población”.

 

Especialistas de Anmat consultados por Clarín consideraron que los retos de la biotecnológica se darán “en la generación de nuevos tratamientos, terapias o diagnósticos a partir de la farmacogenómica, los estudios genéticos, la terapia génica, la nanotecnología, la generación de nuevos sistemas de administración y un área un tanto controvertida como lo es la terapia personalizada”.

 

También se están buscando mecanismos para que este tipo de medicamentos puedan empezar a suministrarse por vía oral, dado que hoy en día casi todos se administran por vía parenteral (subcutánea, intravenosa, intramuscular, etc.).

Clarín 21-08-13

Salta: Los farmacéuticos piden auxilio a Diputados por la crisis

pailler_2013-08-21-613Las entidades farmacéuticas de la provincia de Salta anunciaron ayer en un comunicado que esperan “con urgencia respuesta al pedido de audiencia a la Cámara de Diputados”, por la grave situación económica en la que se encuentran a fin de conseguir alguna solución impositiva que le permita mejorar la rentabilidad.

A  su vez del Colegio de Farmacéuticos indicaron que “no quieren llegar a situaciones extremas como dejar de vender medicamentos con  obras sociales”.

Al respecto la Presidente del Colegio,  Isabel Martínez dijo que “estamos de acuerdo en que el medicamento no tenga un incremento importante porque sabemos que es un bien social. Nosotros pedimos que los impuestos sobre los medicamentos sean rebajados porque este tipo de aporte es imposible mantenerlo ahora con este tipo de inflación”.  

“Los pasos a seguir son insistir con la Cámara de Diputados  para ser recibidos y explicar la pronta necesidad de la disminución de impuestos sobre los medicamentos”, agregó la doctora.

Desde la Cámara de Farmacéuticos, su presidente Francisco Puló coincidió en que “pedimos que los impuestos sobre los medicamentos sean rebajados” al mismo tiempo mencionó que  las entidades farmacéuticas tienen muy buena relación con el Sindicato de Empleados y que el objetivo es salvaguardar los puestos de trabajo, aún ante la difícil situación que atraviesa el sector.

 

Proyecto frenado

 

El diputado del Frente Salteño, Manuel Pailler recordó que existe un proyecto de su autoría, en el que solicitaba se rebaje el impuesto de los ingresos brutos de 3 a 2 % de lo recaudado por las farmacias.

“Lamentablemente ese proyecto fue puesto en el Acta de Labor parlamentaria en un par de sesiones, con la esperanza que obtenga dictamen y se apruebe, pero está frenado desde hace varios meses en la comisión de Hacienda, sin ningún tipo de tratamiento”.

Pailler agregó que “evidentemente existe una orden de cajonearlo por la pérdida económica que significará para el Estado, pero si uno analiza finamente los números, en total mensualmente el sector aporta a Rentas 1.350.000 pesos, si se baja un punto el impuesto, se estima recibirán 900 mil, solamente 450 mil pesos menos, lo que se gasta en un día el Gobierno en uno de los tantos festivales que hace, por poner un ejemplo”.

Por último señaló que “Salta tiene el agravante que el impuesto se paga sobre el total del valor del remedio, y no sobre la ganancia como pasa en otras provincias, si un remedio se paga 80 al laboratorio y se vende en 100, la farmacia aporta por 100, y no por 20 que es la ganancia”.

Nuevo Diario de Salta 21-08-13

Farmacias de Lomas juntan medicamentos vencidos

fondo_de_comercio_de_farmacia_97073553674196465La iniciativa tiene como objetivo disminuir el impacto ambiental que generan los medicamentos desechados o vencidos. La campaña de recolección de estos residuos se realiza en 20 farmacias e invitaron a todos los vecinos a colaborar. ¿Cómo? Llevando los medicamentos vencidos a esos centros de acopio.

Los medicamentos vencidos suelen acumularse en las casa, en cajas, cajones y cuando es el día de la limpieza general, van a bolsas de residuos y a la calle… Si se arrojan a la basura como cualquier desecho, los efectos nocivos del residuo atacan directamente al equilibrio del medioambiente.

La mejor manera de deshacerse de los medicamentos es a llevar los residuos a lugares especializados. El Colegio de Farmacéuticos de Lomas de Zamora lleva adelante una campaña de recolección de medicamentos en desuso. La colecta de desechos se está llevando a cabo en numerosas farmacias de la región –alrededor de 20 en todo el partido-.

Todas las farmacias que se adhirieron a la iniciativa cuentan con una bolsa destinada a la recolección de los desechos, siempre que un vecino concurra con los medicamentos podrá depositarlos allí para el posterior tratamiento. Según adelantaron, las bolsas que contengan los desechos serán enviadas a plantas de procesamiento donde serán “desactivados” y así evitar que dañen al ambiente.

El titular de la institución local, Leonardo Fernández, explicó que la colecta también tiene por objetivo “concientizar” a la población sobre el uso correcto de los medicamentos.

Según indicó, los residuos que éstos generan “no son iguales que los desechos biodegradables” y deben ser tratados como elementos peligrosos y patológicos. “Cuando el medicamento es un antibiótico estas generando gérmenes resistentes al medicamento, hay otros fármacos que tienen litio y otras sustancias que contaminan el agua, el suelo o el aire”, explicó Fernández en diálogo con Info Región.

Aquellas personas que deseen concurrir a entregar medicamentos que no se estén utilizando, vencidos o ya usados pueden hacerlo en las farmacias: “Águila” –ubicada en Laprida 701-, “Rossi” –en Alvear 1901-. “Bazyluk” –Warnes 2678-, “Baez” –Aristóbulo del Valle 238-, “Al Sur” –en Oliden 1096-, “Cancino” –ubicado en Rivera 608-, entre otros.

Los farmacéuticos que adhirieron a la recolección de medicamentos y los miembros de la institución que organizó la campaña invitaron a todos los vecinos en formar parte de la iniciativa para “ayudar el medioambiente y cuidar la salud de la población”.

“Nos parece muy importante que se tome conciencia mediante estas pequeñas acciones, además estamos fomentando el uso de bolsas biodegradables para evitar usar las bolsas de plástico”, indicó el titular del Colegio de Farmacéuticos de Lomas. “La población siempre elimina todos los desechos conjuntamente, eso genera un impacto muy malo en el ambiente”, completó.

InfoRegión 21-08-13

Preocupa el abuso de analgésicos

infgen0Nada de lo que ingerimos tiene un efecto único en nuestro cuerpo. Y si esto es válido para alimentos tan saludables como las naranjas, cuyo consumo nos aporta una importante fuente de vitamina C pero al mismo tiempo nos puede producir acidez estomacal y efectos adversos sobre la placa dental, en el caso de los medicamentos la situación es muchísimo más compleja y peligrosa. Según un estudio privado dado a conocer en los últimos días, el 40% de los argentinos no concurre al médico y prefiere automedicarse. Frente a este panorama, coinciden especialistas locales, el consumo de analgésicos y antiinflamatorios está al tope en el ranking de la automedicación y representa un abuso cada vez más preocupante.

“La costumbre de no ir al médico y recetarse medicamentos por cuenta propia está cada vez más extendida -dice Julio César Alonso, presidente del Colegio de Farmacéuticos de La Plata-. La venta libre de muchos medicamentos y la falta de educación sobre el tema contribuye a que esta problemática se vuelva más repetida y peligrosa. Uno no tiene datos concretos, pero se da cuenta que cada vez son más los que vienen a la farmacia y se llevan analgésicos o antiinflamatorios por decisión propia”.

EL ESTUDIO

De acuerdo al estudio que indica que cuatro de cada diez argentinos se automedica, la falta de tiempo, el disgusto que genera la espera para ser atendido y la insignificancia que se le asigna a ciertas enfermedades son algunos de los argumentos que esgrimen quienes evitan ir al consultorio. En ese sentido, el 59,1% de los argentinos consultados asiste al médico cuando percibe que tiene algún problema de salud, mientras que el 24,3% trata de solucionarlo con algún medicamento conocido y el 16,6% espera que se le pase y, de lo contrario, se automedica.

Entre aquellos que manifestaron asistir al médico cuando están enfermos se identifican algunas diferencias en relación a su edad. Por ejemplo: 7 de cada 10 adultos mayores de 50 años son quienes más visitan al médico cuando se sienten mal, en tanto que esa cifra baja a 4 de cada 10 cuando se analiza el comportamiento de los jóvenes de entre 20 y 30 años.

Asimismo, de entre quienes deciden recurrir al médico cuando tienen un problema de salud, el 72,7% consulta al médico clínico o al generalista, mientras que sólo el 27,3% lo hace con algún especialista.

Estos datos se desprenden de un estudio realizado por la Secretaría de Investigaciones de Universidad Siglo 21, en base a la opinión sobre “Actitudes y conductas hacia el cuidado de la salud”. Para ello, se encuestó a 905 personas de ambos sexos de entre 20 y 60 años.

El trabajo de investigación también indagó sobre la presencia de un médico de cabecera para resolver los problemas de salud. Al respecto, la mayoría de las personas consultadas (casi el 55%) cuenta con un médico que lo asiste habitualmente.

Con todo, los datos que refieren a la costumbre de automedicarse son cada vez más alarmantes. A tono con el estudio de Universidad Siglo 21, un trabajo del Instituto Argentino de Atención Farmacéutica y de la Universidad Maimónides reveló que el 90% de los mayores de 18 años tomaron analgésicos sin control y la tercera parte de la población lo hace una vez al mes.

Las consecuencias de la automedicación varía según la naturaleza de los medicamentos que se consumen. Algunos de ellos pueden tener efectos reducidos en la mayoría de las personas, aunque pueden resultar riesgosos cuando se consumen durante largo tiempo.

En ese sentido, quienes trabajan en el tema aseguran que los analgésicos son los medicamentos de venta libre que más consume la gente por su cuenta, y que dentro de esta práctica se vuelve recurrente la decisión de tomar dosis cada vez mayores. Si antes los analgésicos que más se vendían eran los de 400 miligramos, se ejemplifica, ahora para cualquier dolor de cabeza la gente consume de 600 y hasta de 800 miligramos.

Otros medicamentos, por el contrario, pueden ser peligrosos para la mayoría aun en bajas dosis. Así sucede con algunos específicos que se publicitan como adelgazantes, cuyo consumo se incrementa en la proximidad del verano y los primeros calores.

El Día 22-08-13

Las pastillas que usan los jóvenes para mezclar con alcohol salen del botiquín casero

556039_201308122106030000001Según un estudio provincial, el 23% de los estudiantes secundarios admite que usa fármacos para drogarse. El caso de la escuela Normal.

Sobre la mesa hay tranquilizantes y estimulantes. Cualquier pastilla viene bien para la diversión. No hace falta que un farmacéutico amigo les venda un blister. Ni siquiera tienen que ir a un quiosco o una farmacia a pedir que les den unas píldoras bajo poncho. Usan los medicamentos que están al alcance de la mano, en el botiquín de casa, y los mezclan con el infaltable alcohol.

Según los médicos, no hacen este cóctel para matarse. Lo hacer para ver cómo pega. Y pega

mal: algunos pueden terminar con daños neurológicos irreversibles y otros pueden llegar a perder la vida. El el menor de los casos, sufren mareos y hasta desmayos, como ocurrió la semana pasada cuando adolescentes de la escuela Normal consumieron alprazolam (un potente ansiolítico).

El caso despertó mucha conmoción. Y los profesionales están alarmados. ¿Por qué? Porque, según dicen, atienden cada vez más jóvenes intoxicados con drogas y alcohol. “Sin ir más lejos, el sábado pasado un joven que estaba en una reunión con sus amigos llamó a su mamá para decirle que se moría, que no daba más. Le pedía que llegara rápido”, contó la toxicóloga Susana Albornoz de Ponce de León.

“Al chico lo desintoxicaron y lo salvaron, por suerte. Pero la situación para esa familia fue horrible. Realmente estoy admirada porque los jóvenes están usando sustancias y mezclas cada vez más fuertes. Es como si sintieran que nada les alcanza, que si no consumen algo muy fuerte no van a poder gozar lo suficiente”, opinó la especialista, que desde 2008 dirige investigaciones sobre tendencia de consumo en estudiantes secundarios.

El último estudio de la Cátedra de Toxicología de la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia de la UNT, hecho en 2012 entre 1.521 estudiantes de nivel medio de ocho establecimientos privados y públicos, revela que el 23% de los alumnos admite que consume pastillas (un 19% usa estimulantes y un 4%, tranquilizantes). Después del alcohol y del tabaco, los fármacos son los más utilizados por los adolescentes para “divertirse”.

Lo que se ve a través de estas encuestas, según la profesional, es que los chicos están consumiendo cosas más fuertes. Se usa una cantidad impresionante de medicamentos de forma indebida: benzodiazepinas, anfetaminas, sedantes, etcétera. La investigación destaca que la droga ilegal más consumida sigue siendo la marihuana, en segundo lugar se ubica la cocaína. Lo que más llama la atención es el creciente uso de heroína, LSD y éxtasis.

“Que haya aumentado el consumo de pastillas es de alguna forma una consecuencia de la medicalización de la vida diaria. Los adultos también están usando más fármacos. Para los jóvenes es muy fácil obtener las píldoras; en cualquier botiquín casero hay tranquilizantes: los usan la mamá, el papá o la abuela, para dormir”, comentó.

Ponce de León describe que en nuestra provincia la moda de mezclar pastillas con alcohol arrancó cerca del año 95. “Teníamos casos esporádicos; ahora aparecen todos los días. Los jóvenes, gracias a internet, se han convertido en verdaderos expertos en combinaciones de fármacos con alcohol. Usan medicamentos porque es lo que más a mano tienen. Llegan a situaciones límites, pero después no se arrepienten y vuelven a consumir”, explica, con preocupación, la docente.

¿Qué hay en el botiquín?

Es cierto que puede haber venta callejera -y, por supuesto, clandestina- de pastillas, describe la farmacéutica Marcela Castillo, que trabaja en una importante farmacia local. “Pero si hay, es mínima esta venta. Los tranquilizantes y estimulantes están entre los seis medicamentos que más aparecen en los botiquines caseros. Y en la mayoría de los casos estas pastillas tienen receta médica”, especifica.

Sus datos tienen respaldo. Según estadísticas del Indec, obtenidas en la Encuesta Nacional sobre Prevalencias de Consumo de Sustancias Psicoactivas, uno de cada 20 tucumanos consume estimulantes o tranquilizantes. Con esta cifra, la provincia se ubica tercera en el alarmante ranking nacional de uso de psicofármacos.

La Gaceta 13-08-13

Farmacias: ¿sin más remedio que cerrar?

farmaciasEn los dos últimos años, 160 farmacias de la Capital provincial tuvieron que cerrar sus puertas porque los números no les daban. Además, otras 40 de la provincia corrieron la misma suerte, según una estimación realizada por el Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Córdoba. El motivo del cierre: la demora en el pago de las obras sociales y prepagas.

“Cuando la farmacia compra el medicamento tiene siete días para pagarle a las droguerías. Se la entrega al afiliado pero recién recupera lo invertido en un plazo que va de uno a tres meses, según la situación de cada prepaga”, explicaron fuentes del Colegio.

En la provincia existen alrededor de 2.080 farmacias, de las cuales 1.800 están nucleadas en la entidad. El Colegio calculó que un 10 por ciento de ellas tuvo que cerrar sus puertas por motivos económicos. En abril de este año, la entidad reclamó a la Administración Provincial del Seguro de la Salud (Apross) para que la obra social estatal acorte los plazos de pago por medicamento. En ese momento, la demora en el recupero era de 90 a 130 días.

“Ahora la situación está mucho mejor. Apross paga a los 40 días. Pero creemos que es una situación del momento. En cualquier momento puede complicarse”, agregaron. En el momento de la mayor pulseada, las farmacias amenazaron con cortar el servicio a afiliados de la obra social provincial.

Para autoridades de la entidad, la situación se complica en las pequeñas y medianas farmacias, ya que éstas corren riesgo de desfinanciarse. Germán Daniele, titular del Colegio de Farmacéuticos, explicó que la demora en los pagos de la Apross, entre otras cosas, los está perjudicando.

“La situación es complicada. La industria farmacéutica firma convenios con obras sociales como la Apross. Además, por disposición de Guillermo Moreno (secretario de Comercio de la Nación), los precios de los medicamentos no pueden aumentar. Con lo cual la rentabilidad de las farmacias va disminuyendo. Y hay muchas que están en riesgo”, opinó.

Día a día 10-08-13

Dura advertencia sobre los efectos adversos de los antigripales de venta libre

imagen_medicamentos01El diputado Biella solicitó conocer los procedimientos de control sobre la publicidad de este tipo de medicamentos. Dijo que reconocidas figuras participan de promociones que alientan la automedicación, sin sugerir la consulta médica o alertar sobre los efectos dañosos para la salud.

 Ante la denuncia de la Asociación Argentina de Propaganda Médica respecto de la falta de control en la publicidad de medicamentos de venta libre para las enfermedades propias del invierno, el diputado nacional Bernardo Biella (UDESO-Salta) solicitó informes sobre el Programa de Monitoreo y Fiscalización de Publicidad y Promoción de Productos sujetos a Vigilancia Sanitaria.

“La denuncia tiene que ver con el aliento a la automedicación del usuario y al ocultamiento de los efectos secundarios adversos. Estamos hablando sobre todo de antigripales, que son medicamentos que contienen varias sustancias medicamentosas, que consumidas sin control, pueden generar efectos colaterales no deseados”, informó el legislador, que se especializa en medicina.

Remarcó que las promociones incluyen a reconocidas figuras de la televisión, como presentadores y actores, y se ven por casi todos los medios audiovisuales y también se difunden por publicidad estática en la vía pública y en los transportes.

Biella resaltó: “La convocatoria de una figura pública del medio artístico puede ser un imán para consumir un producto medicinal, al que se le atribuyen supuestos efectos milagrosos, pero poco y nada se aclara sobre los abusos que puede generar una sobredosificación o sobre el consumo de un medicamento por más tiempo del recomendable”.

“Después de las bebidas alcohólicas, los medicamentos son la causa de mayor frecuencia de intoxicación que registran los centros de salud en las guardias. Dentro de las intoxicaciones medicamentosas, la gran mayoría provienen de medicamentos de venta libre, que son los que se pueden difundir por publicidad”- amplió el diputado.

Precisó que “muchos de estos antigripales tienen paracetamol, el que sumado a otras sustancias pueden generar insuficiencias hepática y renal y taquicardia, sin contar con pacientes que puedan padecer alergias al medicamento o tengan alguna patología para el que esté contraindicado, como hipertensión, glaucoma, diabetes, arritmias cardíacas, o que incluso estén tomando otros medicamentos, como antidepresivos”.

“No en vano se habla de la ‘epidemia de paracetamol’, por el hecho de que se induce a consumir esta sustancia en grandes cantidades, como si pudiera producir efectos casi milagrosos en los síntomas de la gripe”, agregó el salteño.

Biella sostuvo que “es preocupante la difusión sin control de este tipo de publicidad, que debería ser de las fiscalizadas más estrictamente para proteger el derecho del consumidor a la información veraz, mucho más cuando se trata de la propia salud, por lo que con la información oficial que se remita, llevaremos a cabo las acciones que estén en nuestra competencia”.

 El Parlamentario 8-08-13

La farmacia argentina pelea por mayor unidad

farmacia1

Por Juan José Prieto
Mat. 13826 -CFPBA

Los factores que influyen en el modelo local y los avatares políticos.

Generalmente, toda profesión es la consecuencia de una necesidad social bien definida; donde exista esta última siempre aparecerá quien intente solucionarla obteniendo un beneficio y transformándola, en muchos casos, en su modo de vida. Este pensamiento puede ser percibido de una manera muy poco agradable, sin embargo la realidad humana lo muestra así. No obstante, esto no sería motivo de ninguna discusión si esa falencia social es resuelta prestando un servicio acorde y que reúna todas las cualidades, sin intenciones de lograr ganancias extraordinarias.

Para el caso de la Farmacia no evade a este análisis, el problema radica en que muchos de sus actores plantean un doble discurso; por un lado, hablan de una necesidad social cubierta por un medicamento de calidad, enfatizando en el buen uso del mismo, y por el otro fomentan el abuso, que se contrapone con la salud del paciente y de todo el sistema sanitario, con el solo objeto de satisfacer su gran avaricia. Dentro de esta gran ambigüedad está el hecho de que contemplan la necesidad de tener un experto en el tema y por el otro intentan reemplazarlo por una góndola, dejando los fármacos al alcance del consumidor que como está demostrado conduce al consumo descontrolado, haciendo abuso del medicamento con graves consecuencias para su salud.

A todo esto se le suma el apoyo que reciben de algunos funcionarios de la política, con los que obtienen el marco legal necesario que los protege, haciendo que sus grandes mentiras sociales pasen a ser normales y por ende desapercibidas, transformando al medicamento, un bien sanitario, en una simple mercancía, llevando el modelo profesional a uno mercantilista.

A su vez, debemos recordar que la farmacia fue incorporando procesos industriales hasta llegar a lo actual; estos cambios de escenarios hicieron que el farmacéutico readecuara su rol profesional haciendo que la comunidad lo viera como un comercializador de fármacos, empeorando aún más su situación el hecho de que los laboratorios fueran imponiendo condiciones asfixiantes que hicieron a la farmacia económicamente débil, y muchos profesionales terminaron incorporando rubros que poco tienen que ver con la esencia de esta profesión.

Claves empresariales

Algunos de esos pequeños laboratorios, manejados con una visión netamente empresarial, lograron transformarse en empresas multinacionales, que asociados en Cámaras de Laboratorios comenzaron a hacer de intermediarios entre las Obras Sociales y las Farmacias, obviamente no todo es gratis sino que obligaron a las Farmacias a darles grandes descuentos a cambio de otorgar la atención; es aquí donde se da algo que es muy común cuando un sector no está lo suficientemente unido, y es que aparecen los oportunistas; es por ello que no todo es culpa de los laboratorios, grandes empresas o políticos de turno, sino que también el sector farmacéutico ha sido parte de lo sucedido.

Estos grandes aportes a la seguridad social debilitaron paulatinamente a las farmacias que para subsistir, algunas de ellas, comenzaron a incorporar rubros insólitos (zapatos, celulares, pilas, revelado de fotos, etc.) que no han hecho otra cosa que posicionarnos en un muy mal lugar ante la opinión pública. No obstante, no todo el sector funcionó de la misma manera, sino que muchos profesionales siguieron desempeñándose como tales y fueron quienes han intentado revertir la situación.

Otro de los puntos a destacar es que algunos laboratorios han estimulado la venta de sus medicamentos por canales extra-farmacias (venta libre, productos de uso crónico, especiales, etc.), avalados por la desregulación impulsada, en la década del 90, por el gobierno de Carlos Menem y su Ministro de Economía Domingo Cavallo, situación que se ha comenzado a revertir a través de la Ley Nacional N° 26.567, promulgada de hecho el 17 de Diciembre de 2009, bajo la Presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.

Todo estos puntos planteados han producido un vaciamiento de la Farmacia, no solo desde el punto de vista económico sino de la imagen social, hasta el extremo que los jóvenes han perdido el interés por estudiar farmacia con la consiguiente falta de profesionales.

Desde mi punto de vista es un grave error no enfatizar en tener especialistas en cada tema de salud, y el medicamento no es uno menor, recordemos que con la evolución del mismo nuestra calidad y cantidad de vida ha crecido exponencialmente; por lo tanto, lograr un adecuado manejo del mismo redundará en beneficios para el paciente o consumidor y del sistema de salud.

Para lograr estos conceptos debe existir un servicio de calidad y con capacidad de acompañar el avance de la farmacología, para lo cual indefectiblemente se debe reconocer al farmacéutico como un actor sumamente necesario a la hora de lograr buenos resultados terapéuticos; al momento de los reconocimientos no es solo por una simple formalidad, sino que está demostrado que es el especialista que más contacto tiene con el enfermo y que a su vez es especializado en una Universidad en todo lo relacionado al medicamento.

Trabajo mancomunado

Obviamente, no todo se logra con el esfuerzo unipersonal o sectorial sino que esto debe ser un trabajo mancomunado en donde las autoridades intervengan para preservar el sistema farmacéutico argentino; es decir, se requiere de aquellos que no potencien un consumo descontrolado de medicamentos, por la sencilla razón que terminarán incrementando el gasto de las obras sociales, el individual y el del sistema de salud (por ejemplo: existirán hospitalizaciones prolongadas por intoxicaciones o por descompensar otras patologías preexistentes). Con las decisiones correctas, no viciadas de intereses económicos, se puede mejorar la salud general de las personas, disminuyendo el número de muertes innecesarias.

También hay que destacar que existen algunas farmacias que son funcionales a ese modelo mercantilista, estableciendo relaciones con algunos laboratorios que fomentan la concentración en unos pocos; todas las actitudes mencionadas si no son revertidas conducirán a la desaparición del modelo profesional, transformando a las farmacias en lugares donde se realizan simples actos comerciales que atentan contra una mejor salud.

Por lo planteado, el sector farmacéutico argentino debería lograr una mayor unidad y trabajar concienzudamente en beneficio de la salud de la comunidad y de su propia parte.

El objetivo plural pasa por afianzar el modelo profesional, devolviendo todos los medicamentos a la farmacia y restableciendo su economía para que los beneficiados sean el paciente y el sistema sanitario.

Fuente: http://www.mundiario.com/