El sábado 28 de julio se realizó una nueva Asamblea Farmacéutica.
El último de los 14 puntos que componían el del orden del día, era la propuesta de modificación del Código de Ética Farmacéutica.
En esta nota compartimos las palabras de las farmacéuticas Isabel Reinoso y Laura Raccagni, presidentes del CFPBA y de el Tribunal de Disciplina respectivamente.
El Tribunal de Disciplina de nuestro Colegio trabajó en este proyecto que llevamos a la Asamblea para adecuar el Código de Ética Farmacéutica a las condiciones actuales del ejercicio profesional -comienza Isabel Reinoso-.
La propuesta que se presentó había sido aprobada por el Consejo Directivo y luego enviada a toda la comunidad farmacéutica bonaerense con la petición a cada filial de la provincia de reunirse con los colegas de la región para evaluar, opinar y perfeccionar la nueva propuesta.
Lo que pasó el sábado 28 de julio, fue un momento histórico, porque en una Asamblea similar, pero en julio de 1962, es decir, 50 años antes, se aprobó el Código de Ética que rigió hasta ese momento.
Quiero agradecer a la Farm. Laura Raccagni, presidente del Tribunal de Disciplina y atodos los colegas que los conforman, por el trabajo realizado, porque el documento presentado es el resultado de estudio, investigación y recopilación de diferentes códigos de ética de todo el mundo. También por haber recuperado todas las propuestas que en estos años realizaron varios Consejos Directivo de esta entidad y haberlas analizado una a una.
También quiero agradecer a todos los colegas y filiales que aportaron el fruto de sus debates para que pudiéramos consensuar este nuevo código.
Es un orgullo poder haber presentado esta propuesta en la Asamblea de este año.
El día de la Asamblea nuestra colega Laura Raccagni hizo una brillante exposición del mismo:
“Los miembros del Tribunal de Disciplina del CFPBA creemos que debido a los cambios sociales, económicos y hasta políticos era necesaria una modificatoria en el código de ética.
El código de ética anterior se focalizaba ante todo en la farmacia comunitaria. En esta oportunidad hemos tratado de ampliar e incluir a todos los farmacéuticos sin importar donde ejercen la profesión”.
Escuche y vea la presentación y el debate sobre el Código de Etica que se realizó el 28 de julio en la Asamblea Anual
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El objetivo de la medida es avanzar en el control de esta patología a nivel nacional. El Ministerio adquirió 18 millones de dosis para el año 2012, que ya comenzaron a distribuirse a todo el país.
En el marco de la conmemoración del Día Mundial contra la Hepatitis, fecha instaurada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cartera sanitaria nacional anunció hoy que se comenzará a vacunar gratuitamente contra la hepatitis B a toda la población –además de las dosis que ya se aplican de manera obligatoria a los niños a través del Calendario Nacional de Vacunación–, con el objetivo de avanzar en el proceso de control y eliminación de esta enfermedad en el país.
“Las hepatitis virales son un problema de salud pública en todo el mundo”, aseguró el viceministro de Salud de la Nación, Máximo Diosque, al tiempo que consideró que “debido a la incidencia que tiene la hepatitis B en los adultos y a la alta eficacia de la vacuna para su prevención, con esta importante estrategia queremos evitar que más personas se enfermen o sufran complicaciones en su salud por esta causa”.
“Una vez más Argentina está siendo pionera en la región, ya que somos el primer país de América en disponer de la vacuna contra la hepatitis B en forma universal”, consideró la responsable del Programa Nacional de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles de la cartera sanitaria nacional (ProNaCEI), Carla Vizzotti, y destacó que “esto significa que todos los argentinos tengan la posibilidad de vacunarse con las tres dosis para prevenir y favorecer el control de esta patología a nivel nacional”.
“Si bien en Argentina ésta es una enfermedad de baja endemicidad (afecta a menos del 2% de la población), 800 personas mil personas la padecen”, informó la funcionaria, y agregó que “por eso contamos ahora con una vacuna que es muy segura y eficaz, y que estamos poniendo a disposición de toda la población”.
Por último, Vizzotti explicó que “todos los menores de 20 años deben estar vacunados por Calendario, pero como vemos nuevas infecciones entre los 20 y 60 años, le pedimos a los adultos que se apliquen las tres dosis que se requieren para generar defensas, el primer día, al mes y a los 6 meses. Ése es el intervalo mínimo, aunque lo importante es completar el esquema”, e hizo hincapié en que “no se requiere orden médica”.
Actualmente, la vacunación contra esta patología está incluida en el Calendario Nacional de Vacunación y se aplica al recién nacido (dentro de las primeras doce horas de vida) y a los 2, 4 y 6 meses (como componente de la vacuna quíntuple, conocida también como pentavalente). También se completan o inician esquemas a los 11 años, en el caso de los niños que no hubieran recibido las dosis correspondientes con anterioridad, y se aplica la inmunización al personal de salud y a todos los adultos con factores de riesgo para adquirir la infección y desarrollar complicaciones.
El Ministerio de Salud de la Nación cuenta con 6 millones de esquemas (18 millones de dosis), que ya se comenzaron a distribuir a las provincias, para aplicar a toda la población.
Asimismo, se realizarán acciones intensivas para que quienes se encuentren dentro de los grupos de riesgo (trabajadores de la salud, hemodializados, politransfundidos, personas privadas de la libertad, personal carcelario, hombres que tienen sexo con otros hombres, heterosexuales no monogámicos, adictos endovenosos, personas con vih-sida, y convivientes y parejas sexuales de portadores de hepatitis B) se vacunen.
Apoyo de las sociedades organizaciones y sociedades científicas
El presidente de la Fundación Centro de Estudios Infectológicos, Daniel Stamboulian, consideró a la medida como “muy feliz, ya que la hepatitis B es un virus que produce en los pacientes cáncer y cirrosis, y eso se puede prevenir con la vacuna”, y subrayó que “es fundamental que las personas se apliquen las tres dosis para estar protegidos”.
Por último, el referente de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Armando Güemes, dijo que “Argentina ya nos ha sorprendido con iniciativas que son pioneras dentro de la región y a nivel mundial, como la estrategia de la monodosis contra la hepatitis A, y ahora con este lanzamiento”.
“El slogan que tenemos es que la hepatitis está más cerca de lo que crees, porque estamos convencidos de que la población no está muy al día respecto de la importancia y los riesgos de esta patología. Es muy necesario que la gente sea conciente de que un acto tan sencillo como ir a vacunarse, que no requiere mucho tiempo y no cuesta dinero, es muy importante para ellos y para su círculo mas próximo”.
Durante el acto, que se llevó a cabo en el Salón San Martín de la cartera sanitaria, estuvieron presentes además el responsable de Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual del ministerio, Carlos Falistocco; Margarita Ramonet, ex presidenta de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y hepatóloga del Hospital Posadas; Carlota Russ, del Comité Nacional de Infectología de la SAP; Silvia González Ayala, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Infectología Pediátrica (SADIP) y Aurelia Fallo, de la misma entidad; y Daniel Stecher, de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), entre otros expertos.
Características de la hepatitis B
La hepatitis B, una inflamación del hígado causada por un virus, se transmite a través del contacto con la sangre, por relaciones sexuales no protegidas, por medio de la madre infectada al hijo durante el embarazo o por uso de drogas endovenosas, entre otras.
La edad en que se contrae la enfermedad aguda determina el riesgo de progresión a enfermedad crónica, es decir, a menor edad, mayor riesgo de adquirir la infección y que tenga evolución crónica. Al prolongarse en el tiempo, ésta puede provocar daños en el hígado (cirrosis) o cáncer de hígado.
Argentina está considerada como un país con endemicidad baja (menor al 2% de incidencia). Sin embargo, la distribución de casos no es homogénea: es mayor en centros urbanos (especialmente en algunos grupos, como los hombres que tienen sexo con hombres y los usuarios de drogas), que en zonas menos pobladas.
El período de incubación de esta patología es extenso: de uno a cuatro meses. La forma clínica más habitual es la hepatitis aguda, que se resuelve espontáneamente en un período entre 1 a 3 meses. Existen, además, formas asintomáticas que pueden observarse hasta en el 60% de los casos.
Entre un 6% y un 10 % de los infectados tendrán una evolución a la cronicidad. El riesgo de desarrollar cirrosis por hepatitis crónicas a los cinco años es del 8% al 20%, con una sobrevida en ese período menor al 35%. Por su parte, el carcinoma hepatocelular se observa hasta en el 15% de los pacientes con cirrosis: su pronóstico es malo, excepto en casos de tumores resecables quirúrgicamente.
Las formas fulminantes son raras, menos del 1%, pero en la Argentina son la causa de alrededor de 12 trasplantes hepáticos por año.
En lo que respecta a otras intervenciones, el uso consistente del preservativo disminuye la posibilidad de transmisión viral. Sin embargo, la vacunación universal es la estrategia más eficiente para lograr un impacto sustancial en la disminución de la transmisión del virus, tanto para las relaciones sexuales no protegidas como para las otras formas de adquisición del mismo.
Población a vacunar
1. Menores de 20 años no vacunados o con esquema incompleto.
Deberán iniciar o completar esquemas de vacunación, respectivamente.
2. Vacunación para mayores de 20 años.
Iniciar o completar esquemas de vacunación.
3. Acciones intensivas para captar individuos pertenecientes a grupos en riesgo. Ellos son:
• Trabajadores de salud.
• Hemodializados.
• Politransfundidos.
• Hepatopatías crónicas.
• Personas privadas de la libertad y personal de cárceles.
• Hombres que tienen sexo con hombres.
• Heterosexuales con relaciones no monogámicas.
• Usuarios de drogas endovenosas.
• Personas viviendo con VIH/SIDA.
• Convivientes y parejas de portadores de hepatitis B.
No se requerirá orden médica para la administración de la vacuna
Hepatitis A, B Y C
La hepatitis es una inflamación del hígado producida por un grupo de infecciones virales que afectan a dicho órgano. El consumo excesivo de alcohol, las toxinas, medicamentos y algunas enfermedades también pueden causarla. Los tipos más comunes de hepatitis viral son la A, B y C.
En Argentina, se estima que 800 mil personas estuvieron en contacto con los virus de las hepatitis B y C.
Para prevenir y tratar estas patologías existen tratamientos efectivos, que son gratuitos en los hospitales públicos; y vacunas contra las hepatitis A y B, que forman parte del Calendario Nacional de Vacunación.
¿Cómo se transmiten?
– La hepatitis A se transmite por el contacto con agua, alimentos u objetos contaminados con materia fecal.
– La hepatitis B por el contacto con sangre, semen o líquidos corporales a través de las relaciones sexuales (orales, vaginales y anales) o al compartir agujas, jeringas o elementos cortopunzantes. También de una mujer embarazada que esté infectada a su bebé durante el parto.
– La hepatitis C se transmite por el contacto con sangre al compartir agujas, jeringas o elementos cortopunzantes; y aunque es muy poco frecuente, también puede transmitirse por vía sexual.
¿Cómo se previenen?
– Tanto la hepatitis A como la B tienen vacuna: todos los niños deben vacunarse según el Calendario Nacional de Vacunación. La vacuna contra la B será a partir de ahora universal.
– Los adultos deben consultar si necesitan vacunarse.
– No existe aún vacuna contra la hepatitis C, pero se puede prevenir si no se comparten agujas, jeringas o elementos cortopunzantes con otras personas, y con el uso de preservativo en todas las relaciones sexuales.
Una nueva columna de opinión del Farm. Inspector Huber Balzola que recorre la provincia con una nuevo concepto de Inspecciones Educativas a las farmacias. Buscando relacionar la inspección con formación, más que con castigo. De acuerdo al Diccionario de la RAE:
inspección. (Del lat. inspectĭo, -ōnis). 1. f. Acción y efecto de inspeccionar. 2. f. Cargo y cuidado de velar por algo. ~ ocular. 1. f. Der. Examen que hace el juez por sí mismo, y en ocasiones con asistencia de los interesados y de peritos o testigos, de un lugar o de una cosa, para hacer constar en acta o diligencia los resultados de sus observaciones.
Una de mis principales preocupaciones al momento de enfrentar la inspección de una farmacia privada radica en poder transmitir al colega el carácter preponderantemente instructivo de la misma.
Suele ocurrir que en una primera instancia, durante lo que podríamos llamar la “presentación de la inspección”, el colega se manifieste algo incómodo. Esta incomodidad inicial es perfectamente entendible. Efectivamente, el farmacéutico de oficina está hoy “tapado de trabajo”; y es que la carga administrativa que hoy se suma a la nada soslayable responsabilidad que la dispensación y la custodia del medicamento siempre ha exigido, genera en el colega la (no siempre exacta) sensación de “estar incumpliendo con algo”.
Ese “algo” suele aparecer como un elemento abstracto, innominado. Es un “algo”, no se sabe bien qué, que al farmacéutico le falta, haciéndolo objeto de las más estrictas sanciones.
Muchas veces, en efecto, al farmacéutico le falta cumplir con “ALGO”, concreto, rotundo, cuyo defecto puede conspirar con el correcto desempeño de la profesión… e inclusive atentar contra la salud de la población. Pero en general, estos “ALGO” escritos así, con mayúsculas, obedecen a falencias concretas, al no cumplimiento de requisitos que ningún colega puede desconocer.
Digo, por ejemplo: ningún farmacéutico, puede desconocer la necesidad de cumplir con el servicio de turnos, estar presente en su farmacia, o asegurar la cadena de frío en el caso de los medicamentos que así lo requieren, etc. No hace falta una inspección con ribetes educativos para que el farmacéutico sepa que debe cumplir si o si con estos “ALGO”; y, por extensión, su incumplimiento es inexcusable.
No es a estos “ALGO” –así escritos: con mayúsculas- a los que quiero referirme. Quiero referirme a esos otros “algo”, más pequeños.
Hablo de aquellos ítems o exigencias sobre los cuales gravitan otras cuestiones, cuestiones que pueden –¡y deben!- corregirse pero que no implican un peligro inminente para la población o para el decoroso desempeño profesional.
No pretendo, por supuesto, quitar un ápice de importancia a ninguno de los requisitos que la ley, la ética y el sentido común nos imponen; por supuesto que todos ellos deben ser satisfechos en tiempo y forma para asegurar un servicio de excelencia.
Pretendo desdramatizar la inspección que nuestra Institución plantea.
Mi misión no es visitarlo para descubrir ese “algo” con lo que usted incumple y así poder dirigir mi dedo acusador hacia su persona.
Obviamente mi misión no es esa. La idea no es que usted y yo nos liemos en un duelo de ingenio para ver quién es el más hábil, si usted escondiéndome el “algo”, o yo buceando en los rincones más oscuros de su Oficina para sacarlo a la luz.
La idea es que, usted y yo, trabajando juntos, podamos realizar una labor que sirva para hacer un relevamiento lo más objetivo posible de las fortalezas y debilidades de la Farmacia que está bajo su dirección. La idea es que yo pueda acercarle las expectativas que la Institución tiene, para que usted pueda reafirmarse en sus fortalezas, y tomar las medidas convenientes para robustecerse en otros aspectos.
Espero poder transmitir esto con éxito y ser eficaz al ofrecerle otro camino que le evite caer en incumplimientos por desconocimiento de algún punto de la ley.
Deseo que mi aporte sea lo suficientemente valioso como para justificar distraerlo de su atareadísima función cotidiana, sin que esto resulte enojoso o molesto.
En la nueva gestión provincial seguimos proponiendo el uso de nuevas tecnologías que faciliten el acceso a la información, acorten los tiempos de comunicación y optimicen los recursos de todos los farmacéuticos.
Esta es la primera parte de un video que recorre diferentes áreas del Colegio provincial y nos permite escuchar a los Consejeros conversando con la presidente Isabel Reinoso sobre la gestión de los últimos meses.
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En su columna por Radio Rivadavia la Farm. Isabel Reinoso habló de las dificultades que atraviesan las farmacias en el actual contexto financiero y político que se vive en la provincia de Buenos Aires.
Al importante reconocimiento que recibió el Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Buenos Aires por sus servicios a la comunidad y hacia sus matriculados, se refirió la Farm. Isabel Reinoso en su columna semanal por Radio Rivadavia.
En el marco de la última Expofarmacia, el Catedrático y Director del Departamento de Farmacología de la Universidad de Alcalá, Prof. Francisco Zaragozá García, brindó sus impresiones acerca del desarrollo de la farmacia en España y en nuestro país.
España es una referencia para nosotros, ¿usted tiene una lectura global de lo que está ocurriendo en la actualidad farmacéutica?
La mayor dificultad directa es la ausencia de pago a las farmacias. El estado no paga y adeuda, en algunas regiones, hasta seis meses. Por esta razón los farmacéuticos suscribieron pólizas de crédito, aunque algunos no pudieron. La situación es dramática, no en cuanto al modelo, sino a la liquidez.
El actual modelo se sostiene y estamos esperando un decreto por medio del cual van a dejar de ser cubiertos por la Seguridad Social algunos medicamentos y van a pasar a OTC, aunque todavía no sabemos cuáles son.
La ministra de Salud nos ha prometido que esto se hará siempre contando con los farmacéuticos para que colaboren en la entrega adecuada de estos medicamentos.
Aquí observamos un gran avance de los laboratorios en la cadena de comercialización resultando afectado el último eslabón, que son las farmacias. En España ¿se vive este fenómeno? y además ¿se protege desde el Estado a la red sanitaria de farmacias?
Aunque por una cuestión visceral me inclino por el más débil, que en este caso son las farmacias; también las empresas farmacéuticas están sufriendo muchísimo en España con supresión de plantas de producción industrial y desmantelamiento de importantes laboratorios. Para el año entrante Merck tiene previsto desmantelar una fábrica que cuenta con 1.000 empleados y Pfizer tiene planes similares. Es una situación bastante crítica porque los laboratorios, como todos sabemos, van a cuenta de resultados y cuando no hay beneficios se van. Y los farmacéuticos se quedan. La propia legislación española les impide cerrar las farmacias aunque sus resultados sean negativos.
Esta situación de la profesión farmacéutica tanto en Argentina y en España ¿es una auténtica crisis o simplemente una coyuntura más?
La profesión farmacéutica no está en crisis. En mi visión se muestra pujante sustentada sobre los pilares de una carrera muy sólida y de las más importantes en el campo de la salud.
Aquí no hay crisis y sigue habiendo matrícula de estudiantes y buenas perspectivas de empleo para los farmacéuticos. Cuando comienzan nuevos gobernantes que no conocen sobre esto, pueden llegar hasta a cambiar un modelo farmacéutico. Tuvimos ese riesgo, pero no lo cambiaron.
El farmacéutico está casi equiparado con el médico en España. Aquí en Argentina los farmacéuticos, en general no se autovaloran. ¿Qué opina sobre este fenómeno?
Hay dos carreras muy estables que están desde tiempos inmemoriales que son Derecho y Medicina y su cometido ha sido siempre el mismo. En cambio el objetivo de la Farmacia ha ido cambiando a lo largo de la historia. Hay todavía cosas que hacer desde la universidad. Desde mi Departamento impartimos prácticas para estudiantes de medicina y farmacia, de tal manera que aprenden a convivir y a valorizarse. En una de las prácticas le digo a un estudiante de medicina: – Usted ha diagnosticado con tal patología ¿qué consejo le pediría al estudiante de farmacia sobre el medicamento a utilizar? Esto lo vengo haciendo hace ocho años y da muy buenos resultados, pero tiene que pasar una generación al menos para que se equiparen. En Argentina tienen una carrera de Farmacia muy potente y creo que desde la Universidad debería ser valorizada mucho más.
En el año del centenario de la FIP, ¿qué momento atraviesa la profesión?
Soy optimista, pero hay que considerar que quienes condujeron la FIP han tenido necesidades, porque sus estudios eran de grado medio. En Reino Unido se estudiaban tres años, al igual que en Alemania, Holanda y Dinamarca. En 1987 se incorporaron los cinco años gracias a la directiva comunitaria. Ahí tenemos un lastre y años de historia de un cierto retraso en relación a los médicos. En la Sociedad Española de Farmacología hay más farmacéuticos que médicos. Hay que incentivar la participación de los farmacéuticos en este tipo de sociedades y el médico no tendrá más opción que hacerle sitio, como ocurrió en España.
Nuestra Presidente, Farm. Isabel Reinoso, se refirió en su columna por Radio Rivadavia a la campaña publicitaria que lleva adelante la tarjeta Visa y que pretende equiparar a establecimientos sanitarios como las farmacias con otros rubros comerciales ajenos al cuidado de la salud.
Durante décadas (al menos desde que las especialidades medicinales comenzaron a enseñorearse de nuestros mostradores, relegando la preparación magistral u oficinal a un plano –digamos- secundario) una pregunta ha atravesado todos los ámbitos de la comunidad farmacéutica: es “la Farmacia” un comercio o una actividad profesional?
Por el Farm. Huber Balzola*
Ciertamente, esta “pregunta” no arrojará, al momento de ser respondida, ninguna duda en la mente del colega.
La Farmacia es, a todas luces, una actividad profesional ejercida día a día, farmacéutico a farmacéutico, en todos los lugares donde cada uno de nosotros desarrollamos nuestros quehaceres (la industria, la distribución, la dispensación, etc.). Efectivamente, está claro para cualquier persona que conoce las complejísimas incumbencias de nuestra profesión, que referirse a la misma como una simple actividad comercial es, cuanto menos, inexacto.
Ahora bien. La respuesta dada en el párrafo anterior a la “incógnita” originalmente planteada no suele ser tan rotunda cuando quienes deben evacuarla están más alejados del mundo farmacéutico (será tema de otra charla el analizar cómo la sociedad posiciona al farmacéutico y por qué).
De todos los ámbitos del ejercicio profesional, aquel en el que más se solapan los conceptos “farmacéutico: profesional universitario” y “farmacéutico: comerciante” es el de la Oficina Farmacéutica Privada. Esto no supone que nos corramos aquí un ápice de nuestra –correctísima- postura: la Farmacia (en tanto Oficina Farmacéutica… en tanto local, si así lo prefiere el lector) es el lugar físico donde este profesional universitario con conocimientos singulares conocido como farmacéutico ejerce su actividad de asistencia y resguardo de la salud de la población.
De hecho, antaño, cuando la actividad casi exclusiva que se realizaba en la Farmacia era la elaboración de preparados magistrales u oficinales, solía hacerse la diferenciación entre “Farmacia” (en tanto profesión) y “Botica” (en tanto lugar donde el farmacéutico ejercía su profesión).
Cabe a estas alturas que nos planteemos por qué si la pregunta original posee una respuesta tan clara, existe aún la dicotomía comercio-profesión. A mi entender la cuestión es técnica: la mayoría de las intervenciones que el farmacéutico realiza frente a sus pacientes culmina con una “venta”, con una “transacción comercial” (yo le doy una cajita y el paciente me da dinero).
No salte de su asiento, querido lector, ya se que describir el acto de la dispensación como la entrega de una cajita a cambio de dinero es poco menos que un insulto.
Usted y yo sabemos que el proceso de la atención al paciente implica una sumatoria de circunstancias que van mas allá de la venta de una cajita. Para empezar esa “cajita” encierra un principio activo con una dosis y una forma farmacéutica dadas, a través de cuya correcta administración el paciente podrá recuperar, preservar o mejorar su salud.
Esas “cajitas”, bien usadas, han sido entre otros factores las que han permitido prolongar la vida del género humano hasta los límites actuales (en otras épocas, un cincuentón era considerado un longevo, como usted sabrá). Y aquí está la clave: las “cajitas” deben ser BIEN USADAS. Es el farmacéutico, con su trabajo en el mostrador, quien adiestrará al paciente (más allá del siempre valioso y previo asesoramiento médico) en cómo debe usar esa “cajita” para que su contenido lo beneficie (si se toma en ayunas, si implica algún tipo de contraindicación con respecto a otras “cajitas” que esté usando, etc). Por eso hablamos de DISPENSACIÓN y no de venta.
Pero -he aquí el punto en el que nace la confusión- todo ese esfuerzo que el farmacéutico pone en cada dispensación permanece silencioso, oculto tras la maniobra mucho más visible de “bajar una caja de la estantería y cobrarla”, que es lo único que, equivocadamente, el ojo del observador poco adiestrado percibe. Usted me dirá que no siempre es así, que muchos de sus pacientes, sobretodo aquellos que llevan años acudiendo a sus servicios, aquellos que lo tiene a usted como un punto de referencia insoslayable al momento de cuidar su salud… aquellos que incluso lo consultan por asuntos familiares y personales porque confían en su criterio (esto último porque usted les ha dado sobradas muestras de ser una persona proba, criteriosa, poseedora de una opinión valiosa).
Y ante su justificada objeción, yo le diré que tiene razón; no sólo porque usted me lo dice, sino porque yo mismo lo he comprobado a través de mi experiencia: la presencia del profesional en el mostrador genera un valor agregado, un sello distintivo que, tarde o temprano es reconocido por la sociedad que frecuenta dicho mostrador.
Pero (siempre hay un “pero”, verdad?), por muchos esfuerzos que el farmacéutico de oficina realice cotidianamente, en tanto no exista un modelo que ligue el Honorario Farmacéutico al asesoramiento que al paciente se le de al momento de la Dispensación (sin importar el valor monetario de la “cajita” que tal dispensación involucre), nuestra sustentación seguirá vinculada a la diferencia entre el precio de compra y el precio de venta de cada cajita.
Alguien dijo alguna vez: “El dinero es como el respirar; no nacimos exclusivamente para respirar, pero si no respiramos nos morimos”. Dicho de otra manera: el dinero con el que el farmacéutico se sostiene a si mismo y a su familia cuando su lugar de trabajo es la Oficina Farmacéutica Privada es el que surge de la diferencia entre a cuánto compró la “cajita” y a cuánto vendió esa misma “cajita”… lo cual imprime necesariamente una faceta comercial al devenir de la profesión.
Es decir que podría visualizarse a la “Farmacia” (fundamentalmente a la Farmacia Oficinal Privada) como una actividad profesional de alto valor y responsabilidad social en la que el farmacéutico se desempeña poniendo sobre el mostrador no sólo una “cajita” sino además todos sus conocimientos, esfuerzo –y hasta su reputación-, a favor de la salud no sólo de ese paciente en particular sino, por extensión, de toda la población… y dicho desempeño puede o no (generalmente lo hace) ir acompañado de una transacción comercial. En tanto esta transacción comercial pueda ser vista como uno de los varios componentes que integran la dispensación, y no como un componente insoslayable de ésta, tal situación no produciría un divorcio entre Farmacia (Botica) y profesión farmacéutica.
Si tras estas consideraciones alguien pudiera aun tener alguna duda al momento de diferenciar a la actividad farmacéutica de una actividad netamente comercial, piense al menos que la “actividad comercial” que en una Farmacia se realiza está necesariamente sujeta a férreas condiciones que restringen los grados de movilidad de la misma (llegando casi al empotramiento).
Condiciones éstas que hacen a normas jurídicas y legales, tales como las normas éticas –las cuales pueden no ser jurídicas pero si son legales y de cumplimiento obligatorio por el colectivo farmacéutico-.
Es que el posicionamiento de esta “mercadería” llamada medicamento como un bien social, y de este “comercio” llamado Farmacia como una extensión del servicio de salud hace que comportamientos perfectamente legítimos en actividades netamente comerciales (digamos, una ferretería por ejemplo) no sólo sean reprobables en el “comercio de la Farmacia”, sino que inclusive rocen lo delictivo.
En definitiva, lector de estas líneas, aún cuando usted pueda tras leer esto conservar cierta dificultad al momento de diferenciar la actividad farmacéutica de las actividades puramente comerciales, aférrese al menos a este concepto: los límites entre los cuales podemos movernos al momento de “vender medicamentos” están muy acotados, y la delicadeza de la “mercadería” con la que se trabaja es tal que no admite medios “creativos” tendientes a imponer los “productos” en función de la conveniencia puramente económica.
Todo lo anterior no supone una exposición tendiente a injuriar a todas aquellas personas que dentro de los límites de nuestra provincia, de nuestro país… y en el mundo todo, ejercen muy dignamente actividades comerciales (vaya desde aquí un saludo para todos los ferreteros, panaderos, libreros y comerciantes en general).
Simplemente pretendemos dejar en claro que la Farmacia no es un comercio, aunque las características de la actividad, tal como está hoy en día planteada, hacen que presente ribetes que muchas veces nos acercan –a veces peligrosamente- a la actividad comercial. Está en nosotros, en cada uno de nosotros y en el colectivo farmacéutico, trabajar para que los límites no sean transgredidos y que la figura del farmacéutico no se desdibuje, pudiendo mantener (o recuperar?) la posición de prestigio que una profesión tan cara al bien social y que exige un altísimo grado de responsabilidad merece.
Ah, me olvidaba, ya se que referirse a su majestad el medicamento como una “cajita” merecería de su parte la más firme censura. Confío le quede claro que lo que se pretendió con tan falaz denominación fue exagerar un planteamiento que permitiese poner blanco sobre negro el tema de discusión.
En su columna semanal en Radio Rivadavia, la Farm. Isabel Reinoso cuestionó las Obras Sociales que todavía no cumplen con la Ley y de esta manera impiden que se pueda aplicar el sistema de trazabilidad a los medicamentos oncológicos y de alto costo.