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Córdoba: Cuando la polifarmacia se instala en la vida

Según la etapa. En la tercera edad, la ingesta de múltiples remedios es una necesidad derivada del normal envejecimiento del organismo. En los niños y adolescentes, está más ligada a la automedicación.

“Desde hace dos o tres años tomo cuatro medicamentos diarios: uno para la arritmia, dos para los mareos (tuve un ACV cerebeloso), uno para la tensión y medio para el colesterol”, cuenta María Elena Tinirello, de 83 años. Y agrega: “Los coloco en un ordenador diario y no me molesta tomarlos, estoy acostumbrada y es difícil que me olvide. Además, me cuido en las comidas: todo sin sal y nada frito”.

La realidad de María Elena es la de la mayoría de los adultos mayores de todo el mundo. Jorge Miretti, médico geriatra, manifesto: ¨Todos los cambios fisiológicos que aparecen con el correr de los años llevan al envejecimiento y/o alteración de los principales sistemas de este grupo etario: circulatorio, respiratorio, osteomioarticular, nervioso central, digestivo, genitourinario; lo cual conduce a ingerir distintos medicamentos¨.

Así, esta rutina debe estar correctamente ordenada para que el organismo no acuse consecuencias, en muchos casos irremediables.

En este sentido, Adolfo Moyano Crespo, especialista en gerontología e integrante del staff médico de Sanatorio Allende, dijo que es muy frecuente que los pacientes de tercera edad tengan problemas con el exceso de medicamentos prescriptos por uno o varios especialistas por distintas patologías sin tener en cuenta la superposición, potenciación de efectos, metabolismo, biodisponibilidad y toxicidad.

El especialista indicó que el promedio de medicamentos que toma una persona de más de 65 años de edad es de tres, llegando en muchos casos a tomar hasta diez medicamentos diarios diferentes.

Ambos profesionales indicaron que las patologías más frecuentes en adultos mayores, que conducen inevitablemente a la polifarmacia, son artrosis, hipertensión arterial, diabetes, dislipemias, patologías del aparato digestivo, osteoporosis, hipotiroidismo, trastornos de la memoria, síndrome prostático, neoplasias, entre otras.

Reacciones adversas. Moyano Crespo afirmó que la ingesta diaria de varios medicamentos conduce a la competencia entre los distintos fármacos por los lugares de excreción (riñón, hígado, tubo digestivo) y metabolismos de los mismos en el organismo. ¨Esto produce problemas de depósito o enlentecimiento en la eliminación y prolongación de los efectos farmacológicos, efectos adversos y tóxicos que con frecuencia pueden ser graves para la vida del paciente¨.

En este sentido, Miretti destacó que la polifarmacia aumenta el riesgo de reacciones adversas, morbimortalidad y puede conducir a la alteración de ciertos mecanismos homeostáticos (falta de equilibrio interno).

“El único resultado posible de una buena prescripción es el bienestar de la persona. El efecto contrario puede conducir a somnolencia, desorientación, estupor, hipotensión arterial, trastornos de la marcha, caídas, ansiedad y, en casos más graves, el coma. Debemos adaptar la medicación al paciente y no el paciente a la medicación”, subrayó.

¿Qué ocurre con los niños? En la edad pediátrica y en la adolescencia, en tanto, la polifarmacia está más ligada a la automedicación por parte de los papás.

En ese sentido, Bernardo Calvo, especialista en pediatría y neonatología del Sanatorio Allende dijo que es muy frecuente que lleguen al consultorio pacientes de distintas edades que tienen problemas menores pero que ya están medicados con dos o tres principios activos diferentes.

“Por ejemplo, ante la situación de un niño de un año con resfrío y fiebre, sus padres llaman al servicio de atención domiciliaria y su hijo es medicado con antitérmicos. Al día siguiente vuelven a llamar por el mismo cuadro, que razonablemente está igual. Entonces el médico que atiende al niño en esa oportunidad le agrega algún descongestivo. Al tercer día, una tía le agrega antibiótico. Resumen: llegan al tercer o cuarto día al consultorio con el niño en proceso de curación, lo cual es lógico, pero medicado con tres o cuatro drogas”, indicó.

Calvo manifestó que las culpas son compartidas entre familiares y médicos. “Creo que es parte de la cultura de este siglo 21, cuando todo debe llegar ya, no existe la paciencia para esperar que las enfermedades menores cumplan su ciclo biológico”, opinó.

En tanto, Marcelo Sársfield, también pediatra, indicó que existen determinados tratamientos que sí requieren la utilización de polifarmacia con fines absolutamente terapéuticos, y esto debe ser respetado y cumplido como corresponde.

Además, destacó que la administración de varios medicamentos al mismo tiempo, sobre todo si son tres o más, trae o puede traer consecuencias indeseables. “Las llamadas reacciones secundarias ocurren en el 25 por ciento de estos pacientes. Inclusive es una de la principales causas de internación. Debemos recordar que el mal uso o la mala prescripción de los medicamentos es una forma frecuente de iatrogenia y en esto los médicos, y sobre todo los pediatras, debemos ser sumamente cautos y responsables de los medicamentos que administramos”, agregó.

Los niños en tratamiento deben adecuar su alimentación y ritmo de vida a la cantidad de medicamentos que reciben. “Considero conveniente que los médicos realicen sugerencias a los padres para evitar daños en la polifarmacia, pero también se deben aplicar políticas básicas para el uso racional de los fármacos”, finalizó.

¿Cómo actuar?

Para los niños

– No medicarlos sin consultar con un médico. Si el niño presenta un cuadro de gravedad, la automedicación puede ocultarlo y luego el problema puede conducir a otras complicaciones.

– Ante una diarrea severa, consultar con el médico antes de darle infusiones u otros preparados caseros. Esto puede conducir a deshidrataciones y agravar el cuadro.

– Enseñar a los chicos a cumplir los horarios de toma de medicamentos, a no cambiar los frascos de los remedios.

– Leer bien las indicaciones y darles las dosis indicadas.

– Crear hábitos saludables no sólo en los períodos de toma de medicamentos, sino en la vida diaria. Esto ayudará a evitar muchas enfermedades.

Para la tercera edad

– Cuando los pacientes viajan o se ausentan varios días de su domicilio, se debe tener en cuenta la cantidad de medicamentos que necesitaran para los días que esté ausente, y organizarlos en pastilleros con los nombres y horarios. También, ante la posibilidad de alguna eventualidad, se recomienda llevar un pequeño resumen de su historia clínica.

– No olvidar cuáles son los medicamentos que se deben tomar en ayunas y respetarlo. Y lo mismo para aquellos que deban ingerirse después de alguna comida.

– Crear hábitos y horarios accesibles para la toma de medicamentos. En el caso de que el paciente tenga alteradas sus facultades cognitivas, estos deben ser administrados y controlados por familiares o personal entrenado.

– Cada vez que se visite a un nuevo médico, se le debe decir cuál es la medicación que toma el paciente, con el objetivo de que no recete la misma droga pero con otro nombre comercial.

– Llevar hábitos saludables. Evitar la sal en exceso y las frituras.

Romina Martoglio

La Voz del Interior 11-07-12

Medicamentos en busca de enfermedad

El fraude por el que GlaxoSmithKline debe pagar una multa astronómica obedece a la estrategia de ‘crear’ patologías para vender más. El Paxil se presentó como ‘la píldora de la timidez’ .

La imagen de la Big Pharma ha sufrido un nuevo golpe. Dos grandes laboratorios farmacéuticos, GlaxoSmithKline y Abbott, han aceptado en las últimas semanas pagar multas astronómicas por haber incurrido en graves malas prácticas en la promoción y venta de medicamentos. Ambas compañías se han reconocido culpables y han aceptado sendos acuerdos extrajudiciales para evitar males mayores, en el caso de que los procesos que se seguían contra ellas llegaran a juicio. Las malas prácticas reconocidas incluyen vender medicamentos para patologías en las que no están indicados, pagar a los médicos dádivas y sobornos para que los prescriban y, lo que es más grave, ocultar la existencia de efectos adversos.

En el trasfondo de estas multas multimillonarias subyace el giro estratégico emprendido por algunos laboratorios a finales de los años ochenta para incrementar los beneficios, no por la vía de obtener nuevos y mejores fármacos, algo que resulta cada vez más costoso, sino por la de conseguir nuevas indicaciones para sus viejos medicamentos. Esta estrategia incluye la creación artificial de enfermedades, lo que en inglés se conoce como disease mongering, es decir, el intento, muchas veces culminado con éxito, de convertir procesos naturales en la vida como la menopausia, la tristeza o la timidez, en patologías susceptibles de ser tratadas con fármacos.

EE UU castiga las dádivas a médicos o la ocultación de efectos indeseados

Dos casos han contribuido a afianzar la imagen de villana que acompaña a la Big Pharma, para disgusto de los laboratorios serios y comprometidos, que deploran este tipo de comportamientos. El papel de héroe lo ha asumido en este caso el Gobierno de Estados Unidos, que bajo la presidencia del demócrata Bill Clinton decidió acabar con los abusos y desmanes en que incurrían algunas farmacéuticas dispuestas a saltarse las normas de la ética e incluso la ley para preservar la cuenta de resultados.

GlaxoSmithKline, la tercera mayor farmacéutica del mundo, con una facturación de 33.998 millones de euros en 2010, tendrá que pagar ahora 2.400 millones de euros por haber promovido durante años la prescripción en menores de un antidepresivo, el Paxil, autorizado únicamente para adultos por los efectos adversos demostrados en pacientes jóvenes; por haber indicado otro medicamento, el Wellbutrin, para procesos en los que no tenía actividad terapéutica demostrada, como la obesidad o la disfunción sexual; y por haber ocultado que uno de sus medicamentos más vendidos, el Avandia, aprobado para tratar la diabetes, aumentaba el riesgo de afección cardiaca.

El de GSK ha sido considerado el mayor fraude de la historia, pero no era el único. En mayo, la farmacéutica Abbott llegó a un acuerdo similar y aceptó pagar una multa de 1.225 millones de euros por haber extendido el uso de un anticonvulsivo aprobado en 1983 para tratar la epilepsia y el trastorno bipolar, a otras patologías en las que no tiene ninguna eficacia probada, como la agitación en ancianos con demencia senil. El laboratorio pagó durante 10 años a médicos y residencias de ancianos para que prescribieran el fármaco. También Pfizer aceptó pagar en 2009 una multa de 1.800 millones de euros por la promoción fraudulenta de otros 13 medicamentos.

En la mayor parte de estos casos subyace una misma estrategia: promover de forma fraudulenta el uso de fármacos en afecciones en las que no están indicados. Y una vez logrado, ocultar los efectos adversos para evitar perder mercado. La comercialización de Paxil en 1999 es un ejemplo paradigmático de disease mongering. Hasta ese momento se reconocía como entidad patológica la agorafobia, un trastorno muy severo por el cual las personas que lo sufren son incapaces de salir de casa y cuando lo hacen, pueden sufrir ataques de pánico. El lanzamiento de Paxil se centró en una nueva entidad, la fobia social, que daba mucho juego puesto que podía abarcar desde formas leves de agorafobia a la simple y llana dificultad para hablar en público. Paxil se presentó con gran acompañamiento mediático como la píldora de la timidez y el laboratorio eligió para su lanzamiento en Europa la ciudad de Londres, capital del reino donde, según el tópico, hay más tímidos.

El Paxil era en realidad un viejo antidepresivo, la paroxetina, que volvía al mercado con nuevos ropajes y, por supuesto, nueva indicación. Cuando desde los foros de salud pública se criticó al laboratorio por esta manipulación, sus responsables culparon a la prensa de la distorsión. Pero en su discurso ante la junta de accionistas, el que entonces era el máximo ejecutivo de la división responsable del nuevo fármaco, Barry Brand, fue bastante más sincero: “El sueño de todo comercial es dar con un mercado por conocer o identificar, y desarrollarlo. Eso es justamente lo que hemos logrado hacer con el síndrome de ansiedad social”, proclamó, entre grandes aplausos. Efectivamente, la evolución de la compañía en Bolsa así lo acreditaba.

En las últimas décadas, la industria se debate entre el viejo paradigma de buscar nuevos o mejores fármacos para las viejas y nuevas enfermedades, algo que resulta muy arriesgado, y el que defienden los ejecutivos más agresivos, muchos de los cuales no tienen ninguna relación con la farmacología, partidarios de recurrir a otras estrategias para aumentar los beneficios. Así se ha pasado muchas veces del viejo paradigma de “enfermedad en busca de medicamento” al mucho más lucrativo de “medicamento en busca de enfermedad”.

Esta estrategia, objeto de numerosos artículos en las revistas médicas, suele articularse en tres fases. En la primera se trata de identificar las patologías, próximas o no a la indicación inicial, en las que podría justificarse de algún modo la prescripción del fármaco. La segunda consiste en colonizar los medios de comunicación con estudios, reportajes y entrevistas, de apariencia independiente, sobre la importancia social de la patología a tratar, y lo mucho que sufren quienes las sufren. Una vez sensibilizada la población y las autoridades sanitarias, se pasa a la tercera fase: ofrecer la solución. Para lograr este círculo virtuoso es importante contar, si es posible, con el concurso de los propios pacientes.

En 1999 la oficina de Nueva York de PRNews contabilizó un millón de menciones del nuevo fármaco Paxil, el único aprobado hasta ese momento contra la ansiedad social. Una investigación posterior del diario The Washington Post reveló que entre 1997 y 1998 se habían publicado más de 50 reportajes extensos en la prensa norteamericana sobre lo terrible que era la ansiedad social y lo mucho que estaba aumentando.

A esa época pertenecen también los dos fármacos que mejor simbolizan los grandes réditos de esta estrategia: Viagra y Prozac. Poco antes del lanzamiento de Viagra, los problemas de la disfunción eréctil tuvieron una sorprendente atención en los medios de comunicación. Entre los estudios de mayor eco mediático figuraba uno que revelaba que nada menos que el 72% de los hombres entre 40 y 70 años de Estados Unidos sufrían algún tipo de dificultad a la hora de conseguir la erección, lo cual resultaba terriblemente alarmante para los expertos que opinaban sobre el tema. La píldora azul ha tenido tal éxito que no solo se prescribe en los casos de auténtica disfunción eréctil, sino en muchos otros en los que es dudoso que tenga alguna eficacia. Últimamente se usa también con fines recreativos, para prolongar la erección. No existen estadísticas precisas de las víctimas, incluso mortales, de estos abusos, pero las hay.

La fluoxetina, el principio activo de Prozac, se aprobó en Estados Unidos en 1992. Llegó a España en 1997 precedida por una intensa y exitosa campaña que incluía menciones elogiosas en obras literarias y cinematográficas. La comercialización de Prozac incorporó una novedad: por primera vez los laboratorios no se dirigían a los médicos para aumentar la prescripción, sino a los posibles usuarios. Como era de esperar, batió el récord de progresión de ventas de un fármaco. Ya en el primer año se vendieron dos millones de unidades, la mayor parte con cargo a la Seguridad Social, a la que se le pasó una factura de 9.200 millones de pesetas.

Para hacerse una idea de lo que esa cifra representa basta con recordar que el lanzamiento de Prozac coincidió con la promulgación de la normativa que introducía en España la comercialización de genéricos y el sistema de precios de referencia. La aplicación combinada de esas dos medidas debía producir el primer año un ahorro de 8.000 millones. Prozac se comió todo el ahorro previsto.

Siguiendo fielmente la pauta del disease mongering se presentó también el fármaco que debía ayudar a las mujeres a superar esa fase tan terrible de la vida que es la menopausia, protegerlas del infarto y la osteoporosis y garantizarles poco menos que la eterna juventud: la controvertida terapia hormonal sustitutoria. De nuevo llegó al mercado precedida de un gran número de reportajes e informes sobre las consecuencias de la menopausia, que no solo trae sofocos, sequedad vaginal, aumento de peso y dificultades para dormir, sino graves riesgos para la salud. Varios estudios habían mostrado que la caída de estrógenos tras la menopausia hace perder a las mujeres la protección que tenían frente al infarto y acelera la pérdida de masa ósea. Todo ello era cierto, pero no lo era tanto que el nuevo fármaco tuviera los efectos protectores que proclamaba. A pesar de ello, se presentó como la gran panacea. Como ocurrió en otros países, los jefes de ginecología de los principales hospitales españoles convocaron a la prensa para recomendar que la terapia fuera administrada con carácter preventivo a todas las mujeres a partir de los 50 años y por un periodo de por lo menos 10. Afortunadamente, la Seguridad Social no les hizo caso.

Durante los años siguientes se produjo un goteo de estudios que alertaban de los posibles efectos adversos de esta terapia. En 2002, cuando en España ya la habían tomado más de 600.000 mujeres y en Estados Unidos más de 20 millones, llegó el “jarro de agua fría a la eterna juventud femenina”, para utilizar la expresión con que tituló la crónica el diario The New York Times. La FDA interrumpió de golpe un estudio en el que participaban 16.000 mujeres, el Women Health Iniciative, que debía demostrar todas las bondades y efectos preventivos por los que se estaba recetando. El estudio debía finalizar en 2005, pero los resultados preliminares indicaban que el tratamiento no solo no tenía los efectos protectores sino que a partir de los 5,2 años de tratamiento, aumentaba el riesgo de sufrir cáncer de mama invasivo y accidente cerebro-vascular. Con el tiempo se ha visto que el fármaco tiene su utilidad en casos muy concretos y muy cuidadosamente evaluados, pero nunca debe administrarse, como se pretendió, como tratamiento preventivo con carácter general y menos como “píldora” para combatir el miedo a envejecer.

Mientras tanto, nuevos síndromes han aparecido y son objeto de intensas campañas para que se les reconozca como patología tratada. Nuevos fármacos se suman a la estrategia del disease mongering. La polémica se centra ahora en el amplio abanico de los trastornos de la personalidad, el desorden bipolar y el déficit de atención.

Efectos adversos que no debían salir a la luz

En 2004 se supo que GSK había ocultado que entre los niños y adolescentes tratados con Paxil se producía una mayor tasa de pensamientos y conductas suicidas. Al ser descubierta, la compañía llegó a un acuerdo extrajudicial y se comprometió a publicar todos los datos de sus estudios clínicos. Mientras tanto, la investigación de este y otros casos motivó en 2007 un cambio legislativo en Estados Unidos que obligó a las farmacéuticas a publicar todos los datos de los estudios clínicos que hicieran. Esta normativa es la que permitió descubrir que GSK había ocultado también datos comprometedores de su fármaco Avandia, que se recetaba para tratar la diabetes.

La farmacéutica había iniciado en 1999 un estudio secreto para averiguar si Avandia era más seguro que su competidor Actos, de la empresa Takeda. Los resultados fueron desastrosos: no solo no era más eficaz, sino que presentaba un significativo mayor riesgo de daño cardiaco. Estos resultados deberían haberse comunicado a las autoridades sanitarias, pero en lugar de hacerlo, la compañía hizo todo tipo de maniobras para evitar que trascendieran. Una investigación del diario The New York Times reveló en 2010 diversos correos internos entre directivos en los que se advertía de que los datos del estudio no debían ver, bajo ningún concepto, “la luz del día”.

Los riesgos de Avandia fueron confirmados en un estudio independiente de un cardiólogo de Cleveland. GSK reconoció que conocía los riesgos de Avandia desde 2005, pero las investigaciones posteriores indican que la compañía ya tenía conocimiento de los efectos adversos no declarados desde antes de su comercialización, en 1999, y no solo permitió que se prescribiera sin ninguna advertencia, sino que hizo todo lo posible por ocultarlo sabiendo que había alternativas más seguras para los pacientes.

Que Avandia mantuviera su cuota de mercado era una cuestión estratégica para GSK, en un momento en que su portafolio estaba huérfano de nuevos productos. Entre los documentos conocidos ahora figura un informe interno, en el que la compañía evaluaba el coste que tendría la revelación de los efectos adversos: 600 millones de dólares solo entre 2002 y 2004.

En la misma época que el Paxil se comercializó toda una oleada de fármacos conocidos como las píldoras de la felicidad destinados a librarnos, a golpe de pastilla, de las angustias, temores, fobias y frustraciones que inevitablemente nos acompañan en la vida. En la mayoría de los casos eran principios activos con eficacia demostrada en muy acotadas patologías. El objetivo de la estrategia de comercialización era ampliar todo lo posible el campo terapéutico a cubrir.

Milagros Pérez Oliva

El País, 09-07-12

En camino la vacuna argentina contra la giardiasis

Una vacuna oral contra el parásito que causa una de las diarreas más comunes en países en desarrollo ha sido desarrollada por científicos del CONICET y de la Universidad Católica de Córdoba. Ahora buscan probarla en humanos.

En 2008, el investigador del CONICET Hugo Luján publicó un trabajo en la revista Nature revelando cómo el parásito Giardia lamblia cambia de “disfraces” para evadir el sistema inmune. Ese microorganismo es el agente responsable de la giardasis, una de las causas más comunes de diarrea en países en desarrollo.

Desde entonces, el equipo de Luján ha logrado desarrollar una vacuna para uso en animales domésticos, unas de las fuentes más importantes de contaminación por el parásito. “Los resultados de dos años de estudios en perros y gatos demuestran que la vacuna es útil preventiva y curativamente”, indicó a la Agencia CyTA el doctor Luján, quien se desempeña como profesor de la Universidad Católica de Córdoba.

La vacuna ya fue testeada con éxito en animales de laboratorio, tal como publicó en 2010 Nature Medicine.

Además de ocasionar diarrea, los síntomas más comunes que provoca Giardia lamblia son gases, malestar general y dolores abdominales. En el organismo, el parásito afecta la absorción de nutrientes y en casos crónicos puede provocar un cuadro de desnutrición, especialmente en niños. Se estima que unas 200 millones de personas se infectan cada año con este parásito.

El producto se administra por vía oral, como pastilla, una característica clave para que pueda ser aplicada sin dificultad y conservada a temperatura ambiente, sobre todo en países pobres.

“Ahora resulta necesario probar su eficacia en ensayos clínicos en humanos, bajo estrictas medidas de seguridad y regulaciones éticas. Pero para esos estudios necesitamos la colaboración de las empresas privadas con experiencia en el tema”, señaló Luján.

(06/07/12 – Agencia CyTA – Instituto Leloir)-

Mitos, mitificaciones y mitómanos

Apuntes sobre la despenalización de la tenencia para uso personal.

 Por Rafael Bielsa

Sería necesario, en el marco de la discusión abierta sobre la despenalización de drogas en el país, comprender la complejidad que tiene el fenómeno del uso problemático de sustancias psicoactivas y estupefacientes, esto es, poder pensar en las diferentes situaciones y condiciones en las que este proceso se manifiesta; según las personas involucradas sean adolescentes, jóvenes o adultos; sean de clases medias, altas o vulnerables; según las motivaciones que iniciaron y continuaron siendo el sostén del consumo-abuso; según drogas; según lugares. Es importante comprender que cuando nos referimos al problema de las drogas, consideramos situaciones de consumo disímiles en términos socioambientales y de acceso a la salud, que requieren respuestas diferenciadas. Por lo tanto, para hablar de un tema en el que “no se debe pegar por debajo del cinturón”, es necesario ser precisos y hacer afirmaciones sustentables por evidencias comprobables. Si no lo hacemos, gastaremos mal el dinero público y nos alejaremos de los efectos sobre la realidad perseguidos.

Una consigna que pareciera dividir aguas y que se presenta como un diagnóstico per se, por quienes lo declaman como una denuncia pública, es sostener que Argentina es un país de consumo. Todos los países del mundo son países de consumo. No existe sociedad en la cual no esté presente el consumo de sustancias psicoactivas, porque el consumo de elementos naturales o sintéticos, de producción farmacológica o de elaboración ilícita, que modifican el sistema nervioso central, ya sea para estimularlo, deprimirlo, tranquilizarlo o alucinarlo, se ha presentado perennemente. Lo que van cambiando son las sustancias, los modos de usos y las dificultades que conllevan.

El tema –entonces– y tomándolo con responsabilidad, es saber cuáles son los problemas que nuestro país tiene respecto del consumo y abuso por un lado, y cuáles son los problemas que se vinculan con el tráfico ilícito de drogas, y al desvío de precursores y actividades conexas. Qué le corresponde al derecho penal y qué al derecho no penal. Cuándo es un tema sanitario, de promoción de estilos de vida saludables y de prevención o de asistencia a las adicciones, o de reducción de daños. Cuándo lo es de las fuerzas policiales o de seguridad, de medidas de control. Los problemas derivados de la demanda y de la oferta ilícita de drogas conforman un mundo en el que no hay lugar para el voluntarismo, para el lenguaje aproximativo ni para la manipulación. Un mundo trágico y punzante. Ningún consumo abusivo es motivo de celebración, como no lo es un laboratorio clandestino de elaboración de cocaína o de éxtasis. Dicho lo que antecede, un mínimo respeto por la materia obliga a no combinar peras con días jueves como si se tratara de entidades comparables.

Debatir públicamente la descriminalización de la tenencia para consumo personal de determinadas cantidades de estupefacientes, sin que ello implique daños a terceros, que la Corte ha declarado compatible con la Constitución, no autoriza a emplear erróneamente datos inexactos para fundar el criterio penalizador.

Se suele afirmar que “… según las Naciones Unidas, el 2,8 por ciento de las personas adultas en la Argentina consume cocaína con regularidad (aproximadamente 1 millón de personas) y más del 8 por ciento consume marihuana, niveles de prevalencia líderes en la región y similares a los de Estados Unidos y España”. Es necesario aclarar que, en el Informe mencionado, la cifra del consumo de cocaína es del 2,6 por ciento, que equivale a unas 444 mil personas y del 7,2 por ciento de marihuana. Por añadidura, esas cifras son del año 2006, siendo que el país ya le había informado al Organismo los datos del año 2008, que ubica el consumo de cocaína alrededor del 1 por ciento, magnitud confirmada en la estimación del 2010.

No es cierto, por consiguiente, que “el narcotráfico hizo de la Argentina el primer consumidor de cocaína y marihuana por habitante de América latina”, tal como se escribe, dice y repite. Habiendo precisado lo que antecede, estamos muy lejos de negar la existencia de un problema serio, y no estamos cómodos frente a los niveles de consumo alcanzados. Es nuestra obligación denunciar la utilización de cifras inexactas, cuando la actitud responsable es no llevar el miedo hasta la frontera de la ignorancia para transformarlo en el terror que, con tanta asiduidad, prefiere las soluciones institucionales duras por sobre las correctas. Se ha dicho en Uruguay: “La política de seguridad no puede estar construida sobre el temor, ni ser una respuesta intempestiva a éste”. Acordamos y promovemos que la despenalización, cuando llegue, debe ser acompañada por una mayor energía en materia penal contra el delito económico del narcotráfico, pero no contra el eslabón menos relevante (que de todos modos permite cumplir con la estadística policial) de la cadena. Las leyes no deben promover que a los que deben instar su aplicación les alcance con lo más cómodo (cuando no lo ilícito, pero redituable) por sobre lo más efectivo.

Es también cotidiano asociar cierto tipo de sustancias con la violencia e inseguridad. Así, se alimentan con más bambolla que evidencia empírica los estereotipos que enlazan a los pobres con el paco, al paco con el delito y a los perjudicados con las clases medias. Pobreza, crimen y droga, el nuevo esperpento goyesco de este siglo; “feos, sucios y malos”, como el título de aquella película neorrealista de Ettore Scola. Los datos disponibles indican que no todos los delitos son atribuibles al abuso de drogas, menos aún los homicidios. Al respecto se informa que no existen estudios que permitan evaluar la influencia del uso indebido de sustancias en el incremento del delito común y en su agresividad. Sin embargo, es posible informar acerca de los resultados del Estudio Nacional en Población Privada de Libertad en recintos penitenciarios provinciales del país que esta Secretaría de Estado realizó en el año 2009. Esos datos estarían indicando que los delitos que se cometieron están mayormente asociados con el alcohol y con las pastillas.

Nos encontramos entonces con una realidad que nos muestra concomitantemente a adolescentes de clases medias que abusan de alcohol, que mezclan con bebidas energizantes y pastillas tipo éxtasis, accidentes de autos y motos, muertes prematuras, intoxicaciones alcohólicas, sobredosis en los espacios donde debieron divertirse y enamorarse (espacios públicos que junto con el barrio son un factor clave de socialización). Adultos que consumen cocaína o benzodiacepinas para sostener la performance social de alta exigencia, el éxito laboral y familiar. Adultos y jóvenes deprimidos, sin horizonte y con sus vidas a cuestas. Adultos y jóvenes que consumen ocasionalmente, como complemento de espacios recreativos, creativos, lúdicos. Marihuana, cocaína, alcohol eventualmente acompañan estos espacios. Pero donde aparece el paco como marca de agua, esa que atraviesa todos los relatos de una historia, el consumo siempre es una síntesis feroz de todos los fracasos, de todos los abandonos y las malas praxis.

La oficinesca y apoltronada propuesta de sancionar pecuniariamente por la vía administrativa a cada uno de estos sujetos, ¿cómo se cristaliza? ¿Cómo volver semejante lo que intrínsecamente es diverso? No se trata de obligar a iniciar un tratamiento o a pagar multas, porque no siempre hay un sujeto. No es volición, es posibilidad. La desazón más grande de la adicción es la negación consciente o inconsciente de “formar parte”, de “estar” en determinadas condiciones. Es una fisura, que atraviesa lo personal y lo social. Todas las ideas son bienvenidas, pero en esta materia no lo son tanto las que se sabe impracticables e inconducentes. Esta es una materia cuya dinámica obliga al Estado muchas veces a correr el fenómeno desde atrás; nada hace aconsejable considerar una buena estrategia ceder la iniciativa a lo que debemos afrontar y enfrentar.

La especificación de las cantidades de drogas a partir de las cuales se define la tenencia para consumo o para tráfico es un aspecto que no tiene soluciones únicas (es una lástima, porque si lo tuviera todo sería más fácil) ni consenso internacional. En Portugal, por ejemplo, la definición se establece a partir de la cantidad por tipo de sustancia que la persona necesitaría para consumir durante diez días. Los especialistas reconocen la relativa utilidad de estas convenciones, que varían según países, porque siempre la evaluación de la cantidad que una persona tenga o porte, no puede estar disociada de información de contexto en cada hecho puntual.

Para finalizar, en Villa Palito (La Matanza) un acreditado referente social relata que una madre, frente al féretro de su hijo muerto en forma violenta, consumidor consumado y consumido, le gritaba, pasándole la mano por el rostro: “¡¿No te alcanzó con mi amor?!”. En ese instante llegó el papá al velatorio, separado de la mamá, consumidor a su vez. La mujer, mutilada en sus sentimientos, le aferró la mano y la restregó sobre el rostro del hijo muerto de ambos: “¡Esto era todo lo que te pedía, una caricia, eso era todo!”. También en La Matanza, preguntada para que manifieste cuál era a su juicio el elemento donde comienza el consumo abusivo, una operadora territorial contesta: “El mismo donde termina: el amor. Cuando falta sucede lo que sucede, cuando aparece, las cosas empiezan a cambiar para mejor”. Sabiéndolo de primera mano, no hay excusas para mezclar los planos político partidarios con la tragedia, ni tampoco para amaestrar ideología con datos empíricos no validables.

 “Página/12” 09-07-12

Santa Fe: Los antibióticos del LIF llegan a Concordia

El Laboratorio Industrial Farmacéutico (LIF) de Santa Fe abastecerá con dos de sus antibióticos a la Municipalidad de Concordia (Entre Ríos). El LIF ganó una licitación nacional para proveer 200.000 comprimidos de amoxicilina 500 mg y 100.000 comprimidos de cefalexina.

De esta forma, el LIF llega por primera vez con sus medicamentos a la provincia de Entre Ríos, lo que constituye “un avance importante para el laboratorio, encaminado a alcanzar la integración regional, con relación al abastecimiento de medicamentos, mediante la producción pública”, aseguró Miguel Ángel Cappiello, ministro de Salud de Santa Fe.

Esta nueva participación del LIF en una licitación nacional profundiza el posicionamiento del laboratorio en materia de producción y abastecimiento de medicamentos. En los últimos años, el LIF abasteció con sus productos a las provincias de Río Negro y Misiones, a la ciudad de Bahía Blanca, y a la Municipalidad de General Pueyrredón (Mar del Plata), y también fue uno de los proveedores del Programa Remediar del gobierno nacional.

Concretamente, durante los últimos cuatro años, el LIF logró colocar 4 de sus productos farmaceúticos en los casi 7.000 Centros de Atención Primaria de la Salud del Programa Remediar, a través de compras directas del Ministerio de Salud Nacional y también por licitación pública internacional.

Además, este laboratorio es clave para el sistema de salud provincial. “El LIF llega con medicamentos a 1.500.000 de santafesinos y nos permite ahorrar 14.000.000 de pesos en compras en el mercado externo ”, destacó Cappiello.

El ministro Cappiello contó que a partir de los nuevos acuerdos y de la mayor demanda de productos del LIF, es cada vez más necesario ampliar las instalaciones del laboratorio y trasladarlo al área que tiene destinada en Sauce Viejo.

El Litoral Vespertino 08-07-12

Córdoba: Entre el diagnóstico y las pastillas

Son habituales las prescripciones de déficit de atención con hiperactividad, aunque este recién puede detectarse a los 6 años. Hay sobrediagnóstico y mal uso de las pastillas. Los consultorios neurológicos y psiquiátricos de los hospitales están desbordados.

“Vemos chicos muy chiquitos que entran a salita de 4 con medicación. Cuando están medicados nos preocupa, porque los niños a esa edad, por naturaleza, son movedizos. Hay que preguntarse cuánto soportan los padres que los chicos se muevan, que lloren”. La psicopedagoga Carolina Heredia resume lo que es moneda corriente en las escuelas en los últimos años. Cada vez niños más pequeños cargan tempranamente con el diagnóstico de hiperactividad. El incremento guarda relación con la escolarización cada vez más temprana.

Algunos, incluso, reciben su dosis diaria de metilfenidato (Ritalina, en uno de sus nombres comerciales), un psicotrópico que mejora la atención y tranquiliza. Sin embargo, la medicación está recomendada recién a partir de los 6 años.

Aunque el tema se discute desde hace décadas, los expertos coinciden en que, en los últimos años, el déficit de atención con hiperactividad está sobrediagnosticado y hasta sobremedicado.

Mónica Heredia, jefa del departamento de Salud Mental del Hospital Pediátrico, alertó: “Se han observado diagnósticos de déficit de atención que llegaban de distintas instituciones que nos preocuparon por la edad (a veces entre los 2 y los 4 años), y también inquietud por la medicación indicada, lo que angustia a los padres, a la vez que rotula al 
niño”.

“Se ven muchos problemas de conducta y familiares, como falta de límites, que se diagnostican como trastornos de la atención”, indicó Adriana Partamian, jefa de Neurología del Pediátrico. Precisó, en este sentido, que de acuerdo con la bibliografía internacional, esa dificultad tendría una prevalencia que oscila entre el tres y el cinco por ciento.

“Habría un sobrediagnóstico”, advirtió Mónica Heredia, y precisó que, aunque el diagnóstico es clínico, hoy existen criterios claros para determinarlo. “Hay dos manuales: uno es el DSMIV, con el trastorno de déficit de atención y comportamiento perturbador; y el otro es el CIE10, con el trastorno de la actividad y la atención, si bien en realidad los dos describen los mismos síntomas, con desatención más o menos prolongada”, explicó. Y, para confirmarlo, remarcó, los síntomas deben extenderse al menos por seis meses.

Consultorios saturados. El Servicio de Salud Mental del Hospital Infantil está saturado. El primer día de cada mes se abre el turnero a las 7.15, y a las 10.30 no hay más turnos para los próximos 30 días. Se estima que 70 nuevos pacientes se quedan sin un lugar para la consulta cada mes, sólo en este hospital. Los tres psiquiatras de la institución atienden, en promedio, unas dos mil consultas por año. En 2011, el 44 
por ciento fue por déficit atencional.

En el Hospital Pediátrico, la demanda aumenta año a año. En este momento, esa problemática representa el 11,42 por ciento de las consultas que ingresan al Servicio de Salud Mental. “No es el principal trastorno que tratamos, pero en general son casos muy complejos”, dijo Mónica Heredia.

Según estadísticas de la ex Casa Cuna, la enorme mayoría de los diagnósticos corresponde a varones (el 92 por ciento), y la mayor demanda se vincula en forma directa al ingreso a la primaria, ya que son los niños de 6 años (el 36 por ciento) quienes, junto con los de 7 años, conforman el 52 por ciento de todos los pacientes con esa dificultad.

Mónica Heredia consideró que “mucho de lo que viene diagnosticado como déficit atencional, en realidad se vincula a problemas de falta de límites y confusión en los roles paternos, que no pueden sostener un orden y una organización que los chicos necesitan”. Por esa razón, explicó, es central el trabajo conjunto entre el equipo de salud, los padres y los docentes, con talleres y grupos.

La pastilla no es mágica. El metilfenidato siempre ha estado en el ojo de la tormenta por el temor a que genere adicción o porque se utilice como solución rápida para un problema que no siempre requiere un soporte químico. “De diez pacientes, cuatro requieren medicación. Pero la medicación sola no basta; depende de si el colegio está dispuesto a llevar a cabo algunas pautas que solicitamos y si el hogar es contenedor, entre otras cosas”, explicó Ruth Mahieu, pediatra y psiquiatra infantil del Hospital Municipal.

En el Pediátrico, el 15 por ciento de quienes confirman el diagnóstico necesitan medicación.

“Esta es la pastilla fantástica para las madres y maldita para las psicopedagogas. En realidad, no es ni una cosa ni la otra. Si realmente el niño la necesita, le va a hacer bien. Después de un mes o mes y medio, se prueba cómo funciona sin medicación”, asegura el neurólogo Raúl Córdoba.

La “pastilla” es famosa en los ámbitos escolares, y conocida por maestros y madres que la recomiendan de boca en boca, a pesar de que se vende con una receta por triplicado (con copia al Ministerio de Salud). “Hay sobrediagnóstico, y también hay una sobremedicación. No sólo por parte de los profesionales, sino también de las familias”, indicó Mahieu.

Hay padres que no respetan la dosis. Más de 10 miligramos es excepcional para niños del primario, ya que la medicación actúa durante cuatro horas. “Hay madres que quieren que el chico esté estático también en la casa, entonces le repite la dosis. Nosotros nos damos cuenta cuando vienen a pedir la receta”, subrayó Mahieu.

En otros casos, las madres se “prestan” pastillas para los hijos, sin ninguna recomendación médica ni estudio realizado. O llegan a la consulta rogando por los comprimidos. “Hay madres que dicen: ‘Dele la pastilla porque este chico está inaguantable’. Cuando nos dicen así, empezamos a tener ciertos reparos. ¿Por qué quiere medicarlo tan rápidamente? ¿Qué está fallando que no lo puede contener?”, se pregunta la psiquiatra del Infantil.

En el mismo sentido, la preceptora de un colegio privado aseguró que se detectaron casos en que los alumnos compartían las pastillas antes de un examen.

Miradas

Viviana, madre de un nene con déficit de atención con hiperactividad: A Agustín le diagnosticaron déficit de atención con hiperactividad a los 5 años, cuando iba a jardín de infantes. “No se quedaba quieto, pero no era agresivo. No podía manejar sus impulsos”, recuerda Alejandra, su mamá.

Cuando el neurólogo de una clínica privada le recetó Ritalina por primera vez, el niño comenzó a experimentar algunos cambios positivos en su conducta. Pero la medicación generó problemas, y hasta serias disputas, dentro del hogar.

“Quien entonces era mi marido no quería que lo medicaran. Lo golpeaba para que se quedara quieto”, cuenta la mamá de Agustín, hoy de 13 años.

Al problema médico se sumaron episodios de violencia familiar que terminaron en Tribunales, con un divorcio y la suspensión del tratamiento.

“En cuarto grado tenía muy malas notas. Yo ya no podía enviarlo a una clínica privada, así que lo llevé al Infantil”, cuenta.

Allí lo vio un neurólogo y luego una psiquiatra, quien, tras confirmar el diagnóstico, volvió a medicarlo. “Se vieron cambios en el colegio, pero el medicamento solo no alcanza. Los padres tenemos que marcar límites, y las maestras tienen que acompañar”, planteó la mamá.

Al ingresar a primer año le suspendieron el tratamiento. Y hoy, cuenta Alejandra, tiene un buen rendimiento escolar.

Viviana, madre de una chica con déficit de atención con hiperactividad: A Elena le detectarondéficit de atención con hiperactividad cuando iba a segundo grado. La psicopedagoga del colegio la derivó a una neuróloga, quien le recomendó una dosis de 10 miligramos de metilfenidato para ir a la escuela y media pastilla a la tarde, cuando hacía la tarea.

“Me alarmó la cantidad, pero la neuróloga me dijo que hay chicos que consumen hasta cinco pastillas por día. Me explicó que es una droga que tiene efectos colaterales a nivel cardíaco, y que debía hacerle cada seis meses un electrocardiograma”, contó Viviana, la mamá.

Y agregó: “En ese momento ni sabía que existía esta medicación. Me preocupó al principio, pero luego me tranquilizó saber que debía tomarla sólo cuando iba al colegio y no los fines de semana. El tema generó conflictos con mi marido, que no estaba de acuerdo”.

Cuando Elena tomaba la medicación se concentraba más, y podía estudiar una hora seguida, reconoce Viviana. Pero cuando entró al secundario, no quiso tomar más la pastilla.

“Me decía que era una contradicción que le hablara en contra de las drogas y le hiciera tomar esta. Era una actitud de rebeldía contra mí. La dejó de tomar y su rendimiento cayó muchísimo”, explica Viviana. La chica repitió tercer año y hoy cursa un bachillerato acelerado.

Qué hacer en la escuela y en la casa

El asiento. Ubicar el banco del niño lejos de ventanas y puertas pero cerca de la maestra.

Designarle un compañero como “socio de trabajo”. Lo ayudará a copiar la tarea, organizar los útiles y recordarle que no olvide sus objetos personales.

Las consignas. Deben ser simples y claras. Hay que asegurarse de que las haya comprendido totalmente.

Sugerencia. Mantener el contacto visual con el alumno cuando se dan las instrucciones.

Contención. Estimular rutinas de organización de tareas.

Desarrollar hábitos. Fomentarle qué hacer, cómo hacerlo y dónde guardarlo.

Acortar tiempos de trabajo. Darle minirrecreos para volver a enfocar bien la tarea. Así se evita la fatiga. (Enviarlo a buscar tizas, registros).

El 70% de los casos llega de las escuelas

El dato es coincidente en todos los hospitales públicos que atienden niños.

La gran mayoría de los niños que pisan un consultorio neurológico lo hace a instancias de un maestro.

“El 80 por ciento de los casos que llegan son por problemas de aprendizaje. El 70 por ciento es derivado de las escuelas”, explicó el neurólogo Raúl Córdoba. El dato en coincidente en todos los hospitales públicos que atienden población infantil en Córdoba.

“Hay falta de compromiso escolar. Todo parece déficit atencional. El problema es cómo tratar a los niños. Hay maestras que me dicen: ‘Doctor, no hizo nada en la prueba’. Y yo digo: si sabe que vuela, ¿por qué no se acercó, por qué no lo acarició, por qué no lo puso al lado de los chicos atentos, en los primeros bancos, por qué no lo estimuló, por qué no le dio tiempo extra? Si pudiéramos hacer estas cosas, y no hace falta hacer un curso de pedagogía para darse cuenta, las consultas bajarían un 30 por ciento”, planteó Córdoba.

En este sentido, el neurólogo aseguró que ha tenido pacientes que no necesitaron medicación cuando tuvieron una maestra que los apuntaló y los acompañó.

En algunos casos, los docentes envían órdenes para 
electroencefalogramas, porque ignoran que el diagnóstico de déficit atencional es ciento por ciento clínico.

“La medicación se podría dar toda la vida. Al mes y medio se prueba con sacársela, y ver cómo funciona. No genera acostumbramiento y cuando el niño crece no precisa mayor dosis. Siempre hay que intentar ver cuándo se la podemos sacar”, remarcó Córdoba.

El neurólogo, que trabaja en hospitales públicos y clínicas privadas, advirtió que sería más útil que en un jardín de infantes hubiera un gabinete psicopedagógico en lugar de inglés o computación.

“No puede ser que se manden cinco o seis chicos por aula”, indicó.

En ese sentido, manifestó: “Si el porcentaje de trastorno atencional es entre el tres y 
el cinco por ciento, debería haber uno, dos o tres como máximo. Hay que apoyar a los docentes para que no sean tan derivadores”.

Y agregó: “No se soluciona todo con una pastilla ni tampoco se debe negar cuando hace falta”.

En el Hospital Pediátrico, el 28 por ciento de los casos llega derivado de las escuelas, y el 36 por ciento viene del servicio de neurología. La jefa de Neurología de este hospital, Adriana Partamian, recalcó: “A la mayoría de los niños que recibimos los manda la maestra o la psicopedagoga”. En algunos casos, las mismas escuelas “presionan” para que el niño sea medicado.

“No suele haber nadie que medie entre la maestra y el neurólogo, cuando lo ideal sería que hubiera una instancia intermedia, que debería ser el pediatra, que derivara al especialista en los casos en que es realmente necesario”, consideró. Afirmó, además, que estos niños requieren una atención interdisciplinaria que va mucho más allá de la medicación.

Qué dicen las escuelas. La directora de una escuela privada señaló que, desde hace un tiempo, se observa un uso más selectivo y criterioso de la Ritalina que se prescribe a los alumnos, en relación con años atrás. “Antes parecía como una moda, y que se usaba como una especie de ‘chupete médico’ para tener calmados a los chicos. Ahora está bastante más cuidado a qué chico se le indica y a cuál no”.

Pero también destacó que si bien antes se podía sospechar un uso excesivo de la droga, en los casos en que la prescripción es adecuada, la medicación impacta positivamente en los niños.

“Esto se ve no sólo en lo académico sino también en lo social, porque también mejora la relación con sus compañeros. Son más aceptados, se sienten queridos, además de que sienten que pueden hacer cosas”, 
afirmó.

En aumento. La psicopedagoga Carolina Heredia, que trabaja en gabinetes de instituciones públicas y privadas, aseguró a este diario que los casos de chicos medicados aumentaron en los últimos cinco años.

“Estoy sorprendida por el discurso de los padres, agradecidos porque el medicamento solucione lo que ellos no pueden. Muchas veces se deja en mano de la medicación cuestiones que tienen que ver con conductas, que tienen que ver con los vínculos”, planteó.

Cuatro marcas

Anmat. El organismo tiene registradas en su página oficial cuatro marcas comerciales de medicamentos cuyo principio activo es el metilfenidato y que son elaboradas por laboratorios diferentes.

Gratis. El Hospital Infantil provee la medicación de manera gratuita a sus pacientes. El Programa de Entrega de Medicamentos a Pacientes Crónicos contempla este fármaco.

En Córdoba se hacen unas 1.500 recetas por mes

La venta del fármaco se incrementa en forma notable en marzo, en coincidencia con el comienzo de las clases.

En la provincia de Córdoba se comercializan cada mes numerosas recetas con prescripción médica de metilfenidato, el principio activo de los fármacos destinados a tratar el déficit atencional, que se venden bajo receta oficial archivada.

Por mes rondan las 1.500, de acuerdo con los datos provistos por la Dirección de Jurisdicción Farmacia del Ministerio de Salud de la Provincia, a cargo del control en Córdoba.

En la provincia, de acuerdo con los datos provistos por la cartera sanitaria, este año se registra una ligera merma en la cantidad de comprimidos comercializados, en relación con 2010 y 2011.

Mientras en los años anteriores se expendían alrededor de 58.300 comprimidos al mes, en lo que va de este año el promedio mensual es de 51.700 unidades, lo que implica una reducción del 11,3 por ciento con respecto a 2010 y 2011.

En la Dirección de Farmacia se informó, a su vez, que, si bien los datos se mantienen uniformes en el tiempo, 
“es notable cómo se incrementa la cantidad de unidades comercializadas en el mes de marzo”.

Por otra parte, como un indicio de lo que podría estar ocurriendo en el país con la prescripción de fármacos para tratar el déficit de atención, de acuerdo con la información brindada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), desde 2010 se advierte un aumento en los kilos de metilfenidato que los laboratorios importan año a año para la elaboración de estos fármacos. El principio activo no se produce en el país.

Mientras entre 2005 y 2009 lo que se importó osciló entre 37,19 kilos y 43,9 kilos, en 2010 fueron 54,75 y en 2011 60,25, en tanto que en lo que va del año son 36,49 kilos.

De acuerdo con fuentes de la industria farmacéutica, aunque no todo lo que los laboratorios elaboren en el país necesariamente se comercializa sólo en la Argentina, las cifras podrían reflejar una tendencia de lo que sucede con las distintas marcas comerciales que hay del medicamento.

Con estricto control.

 El metilfenidato es un estimulante del sistema nervioso central que está clasificado en el país como un psicotrópico lista II, de acuerdo con la ley nacional de psicotrópicos, 
N° 19.303. Esto implica que 
los fármacos que lo contienen están sujetos a un control especial.

Por esa razón, esa medicación sólo se vende bajo receta oficial archivada, y debe ser prescripta en recetarios oficiales de psicotrópicos, que se entregan en forma gratuita por la Dirección Provincial de Farmacia a los profesionales que la requieren, previo cumplimiento de una serie de requisitos.

De ese modo, en Córdoba, Farmacia lleva el control de los vales oficiales de venta desde las droguerías hasta las farmacias, así como de las recetas oficiales remitidas desde las farmacias al Ministerio después de la venta.

Marcela Fernández y Mariana Otero, La Voz del Interior 08-07-12

“La profesión farmacéutica no está en crisis”

En el marco de la última Expofarmacia, el Catedrático y Director del Departamento de Farmacología de la Universidad de Alcalá, Prof. Francisco Zaragozá García, brindó sus impresiones acerca del desarrollo de la farmacia en España y en nuestro país.

España es una referencia para nosotros, ¿usted tiene una lectura global de lo que está ocurriendo en la actualidad farmacéutica?

La mayor dificultad directa es la ausencia de pago a las farmacias. El estado no paga y adeuda, en algunas regiones, hasta seis meses. Por esta razón los farmacéuticos suscribieron pólizas de crédito, aunque algunos no pudieron. La situación es dramática, no en cuanto al modelo, sino a la liquidez.

El actual modelo se sostiene y estamos esperando un decreto por medio del cual van a dejar de ser cubiertos por la Seguridad Social algunos medicamentos y van a pasar a OTC, aunque todavía no sabemos cuáles son.

La ministra de Salud nos ha prometido que esto se hará siempre contando con los farmacéuticos para que colaboren en la entrega adecuada de estos medicamentos.

Aquí observamos un gran avance de los laboratorios en la cadena de comercialización resultando afectado el último eslabón, que son las farmacias. En España ¿se vive este fenómeno? y además ¿se protege desde el Estado a la red sanitaria de farmacias?

Aunque por una cuestión visceral me inclino por el más débil, que en este caso son las farmacias; también las empresas farmacéuticas están sufriendo muchísimo en España con supresión de plantas de producción industrial y desmantelamiento de importantes laboratorios. Para el año entrante Merck tiene previsto desmantelar una fábrica que cuenta con 1.000 empleados y Pfizer tiene planes similares. Es una situación bastante crítica porque los laboratorios, como todos sabemos, van a cuenta de resultados y cuando no hay beneficios se van. Y los farmacéuticos se quedan. La propia legislación española les impide cerrar las farmacias aunque sus resultados sean negativos.

Esta situación de la profesión farmacéutica tanto en Argentina y en España ¿es una auténtica crisis o simplemente una coyuntura más?

La profesión farmacéutica no está en crisis. En mi visión se muestra pujante sustentada sobre los pilares de una carrera muy sólida y de las más importantes en el campo de la salud.

Aquí no hay crisis y sigue habiendo matrícula de estudiantes y buenas perspectivas de empleo para los farmacéuticos. Cuando comienzan nuevos gobernantes que no conocen sobre esto, pueden llegar hasta a cambiar un modelo farmacéutico. Tuvimos ese riesgo, pero no lo cambiaron.

El farmacéutico está casi equiparado con el médico en España. Aquí en Argentina los farmacéuticos, en general no se autovaloran. ¿Qué opina sobre este fenómeno?

Hay dos carreras muy estables que están desde tiempos inmemoriales que son Derecho y Medicina y su cometido ha sido siempre el mismo. En cambio el objetivo de la Farmacia ha ido cambiando a lo largo de la historia. Hay todavía cosas que hacer desde la universidad. Desde mi Departamento impartimos prácticas para estudiantes de medicina y farmacia, de tal manera que aprenden a convivir y a valorizarse. En una de las prácticas le digo a un estudiante de medicina: – Usted ha diagnosticado con tal patología ¿qué consejo le pediría al estudiante de farmacia sobre el medicamento a utilizar? Esto lo vengo haciendo hace ocho años y da muy buenos resultados, pero tiene que pasar una generación al menos para que se equiparen. En Argentina tienen una carrera de Farmacia muy potente y creo que desde la Universidad debería ser valorizada mucho más.

En el año del centenario de la FIP, ¿qué momento atraviesa la profesión?

Soy optimista, pero hay que considerar que quienes condujeron la FIP han tenido necesidades, porque sus estudios eran de grado medio. En Reino Unido se estudiaban tres años, al igual que en Alemania, Holanda y Dinamarca. En 1987 se incorporaron los cinco años gracias a la directiva comunitaria. Ahí tenemos un lastre y años de historia de un cierto retraso en relación a los médicos. En la Sociedad Española de Farmacología hay más farmacéuticos que médicos. Hay que incentivar la participación de los farmacéuticos en este tipo de sociedades y el médico no tendrá más opción que hacerle sitio, como ocurrió en España.

Otro reclamo de farmacéuticos por “regularidad” en los pagos por cobertura de IOMA

El Colegio de Farmacéuticos de La Plata apoyó ayer la decisión de las autoridades del IOMA de aumentar la cobertura en los medicamentos para sus afiliados, y al mismo tiempo renovó el reclamo por la regularización de los pagos y exigió “previsibilidad” para un normal funcionamiento.

A través de un comunicado, el Colegio dijo que se trata de una “acertada medida sanitaria que beneficia a la población y garantiza la accesibilidad de nuestros pacientes a sus medicamentos”.

En esa línea, agregó que “esperamos que las autoridades del IOMA comiencen a regularizar los pagos por estos medicamentos y los anteriormente dispensados, ya que la imprevisibilidad de las actuales condiciones y la modalidad adoptada por la obra social, ponen en riesgo una prestación de calidad y la misma garantía que tiene nuestra dispensa a sus beneficiarios.

“Si nuestros pacientes no pudieran completar su terapéutica en tiempo y forma porque nuestra dispensa se tornase irregular, su calidad de vida y salud, se vería afectada. Lo mismo está ocurriendo con nuestras farmacias platenses”, señalaron desde la entidad local que preside Julio Alonso.

“NO ES NUESTRA FUNCION”

“Las farmacias no podemos seguir soportando cada vez mayor presión para financiar a la seguridad social que no es nuestra función, sin una regularidad, previsibilidad y respetando los tiempos establecidos para los pagos”.

El reclamo de los farmacéuticos por la demora en los pagos no es nuevo. Meses atrás, el Colegio también había alertado sobre las dificultades que generaban los atrasos, y en ese sentido se había advertido sobre un eventual corte en la prestación.

El día 5/07/12