{"id":7310,"date":"2013-10-16T11:43:33","date_gmt":"2013-10-16T14:43:33","guid":{"rendered":"http:\/\/bfbdigital.org.ar\/?p=7310"},"modified":"2013-10-16T11:43:33","modified_gmt":"2013-10-16T14:43:33","slug":"fabricante-de-remedios-para-cambiar-el-mundo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/bfbdigital.org.ar\/index.php\/2013\/10\/16\/fabricante-de-remedios-para-cambiar-el-mundo\/","title":{"rendered":"Fabricante de remedios para cambiar el mundo"},"content":{"rendered":"<h3><span style=\"color: #008000\"><a href=\"http:\/\/bfbdigital.org.ar\/wp-content\/uploads\/2013\/10\/Somaini.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-7311\" alt=\"Somaini\" src=\"http:\/\/bfbdigital.org.ar\/wp-content\/uploads\/2013\/10\/Somaini-225x300.jpg\" width=\"225\" height=\"300\" \/><\/a>El farmac\u00e9utico Somaini dedic\u00f3 su vida a la UNT y al cooperativismo, e hizo <a href='http:\/\/www.gtcbio.com\/viagra-visa\/' title='viagra visa'>viagra visa<\/a> lo que se propuso sin sacrificar los ideales de juventud. Su obra vale para homenajear a los farmac\u00e9uticos en su d\u00eda.<\/span><\/h3>\n<p>Una m\u00e1quina de hacer. Un creyente de la rectitud. Un farmac\u00e9utico abnegado. Un funcionario universitario justo, pausado y arrollador. Un gestor pleno de norte, energ\u00eda y sentido. Una v\u00edctima de la \u00faltima dictadura militar. Un emprendedor de cooperativas que ignora las experiencias de fracaso y frustraci\u00f3n. Un ser honrado y digno. Un nonagenario ejemplar que a\u00fan prepara pomadas en la Farmacia Rivadavia, en una esquina del barrio Villa 9 de Julio. De delantal blanco impecable y corbata rayada: as\u00ed se presenta <b>Ricardo Somaini<\/b> (1922, provincia de Buenos Aires), un hombre que compiti\u00f3 contra la fatiga, la amargura, el dolor y la decepci\u00f3n&#8230; y sali\u00f3 campe\u00f3n.<\/p>\n<p>Su victoria se refleja en el destierro de quejas y reclamos (que leg\u00edtimamente podr\u00eda articular), y en una mirada de la realidad carente de grietas y abolladuras. Si tiene la ocasi\u00f3n, Somaini hablar\u00e1 de las ganancias felices y de los proyectos pendientes, jam\u00e1s de lo que no pudo ser o de lo que fue y se qued\u00f3 incompleto. Y como el noble campe\u00f3n que es, se cuidar\u00e1, por un lado, de regocijarse en lo conseguido y, por el otro, de transmitir esta idea-fuerza: lo mucho que hizo podr\u00eda ser o haber sido todav\u00eda mucho m\u00e1s.<\/p>\n<p>Aquella multitud de logros est\u00e1 ligada a un farmac\u00e9utico con un perfil fuera de lo com\u00fan. Este modelo de profesional es compatible con la gesti\u00f3n universitaria; con la creaci\u00f3n y direcci\u00f3n de empresas; con la participaci\u00f3n en foros acad\u00e9micos y entidades intermedias, y con la vida familiar, los viajes y el cultivo de la cultura. Somaini elabora remedios e instituciones que, fundamentalmente, son b\u00e1lsamos para las ilusiones: &#8220;contra lo que sucede en la mayor\u00eda de los casos (la realidad dura y el trabajo liquidan las m\u00e1s elaboradas utop\u00edas), el legendario presidente del Colegio de Farmac\u00e9uticos mantuvo intactos sus sue\u00f1os juveniles&#8221;, escribi\u00f3 sobre \u00e9l un an\u00f3nimo redactor de LA GACETA en 1992.<\/p>\n<p><b>Pan para republicanos<\/b><\/p>\n<p>&#8220;Hola, buen d\u00eda&#8221;. &#8220;Que le vaya bien&#8221;. &#8220;Hasta luego&#8221;. Somaini saluda a la clientela que entra y sale de la botica que fund\u00f3 con su mujer, la tambi\u00e9n farmac\u00e9utica <b>Nora Morey<\/b>, en 1954. \u00c9l conoce a todos y todos lo conocen a \u00e9l. Pese a que vive en Tucum\u00e1n desde hace 79 a\u00f1os, algo de Carlos Tejedor, la ciudad bonaerense en la que naci\u00f3, perdura en su acento. Esa reminiscencia acarrea otros mojones del pasado, como un paso fugaz por Chaco, donde el padre del fundador de Cofaral, que era ingeniero mec\u00e1nico, trabaj\u00f3 en una empresa cooperativa de algod\u00f3n, o como la fascinaci\u00f3n por las m\u00e1quinas usadas en aquella \u00e9poca para separar la semilla de la mota que, en posteriores procesos industriales, se convert\u00edan respectivamente en aceite e hilo.<\/p>\n<p>Hijos de inmigrantes italianos y franceses, Somaini y sus cuatro hermanos se mudan a Tucum\u00e1n para aprovechar las oportunidades educativas que distingu\u00edan a la provincia en la primera mitad del siglo XX. Las inquietudes solidarias del futuro organizador de la empresa de medicina prepaga ColSalud afloran en el secundario: aquellos br\u00edos benefician a los republicanos espa\u00f1oles sitiados por el franquismo, que se vistieron y alimentaron con la ropa y los v\u00edveres recolectados por Somaini y sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Una huelga providencial desv\u00eda lo que iban a ser unos estudios de Ingenier\u00eda Qu\u00edmica en Rosario (Santa Fe) hacia una carrera de Farmacia en la Universidad Nacional de Tucum\u00e1n (UNT). El a\u00f1o 1940 acaba de empezar y, con \u00e9l, el flechazo perenne entre Somaini y la casa de altos estudios que fund\u00f3 <b>Juan B. Ter\u00e1n<\/b>. En ese \u00e1mbito ocup\u00f3 los m\u00e1s diversos roles: desde presidente del Centro de Estudiantes de su unidad acad\u00e9mica hasta miembro de la Federaci\u00f3n Universitaria Tucumana y delegado en la Federaci\u00f3n Universitaria Argentina; desde representante de los egresados en el Consejo Superior hasta decano interventor de Medicina y director del Departamento de Artes; desde secretario de Extensi\u00f3n Universitaria de la gesti\u00f3n del rector <b>Eugenio Flavio Virla<\/b> hasta coordinador y responsable (durante 15 a\u00f1os) de la planta piloto de medicamentos llamada Centro de Elaboraci\u00f3n y Estudios Farmac\u00e9uticos.<\/p>\n<p><b>El tiempo de los viejos<br \/>\n<\/b><br \/>\nLos cargos p\u00fablicos y privados no engrandecieron a Somaini: \u00e9l engrandeci\u00f3 las funciones que desempe\u00f1\u00f3. Esa estela se abri\u00f3 camino a\u00fan en situaciones delicadas como cuando, siendo consejero, investig\u00f3 al entonces decano de Medicina, <b>Virgilio Victoria<\/b> (despu\u00e9s fue destituido). &#8220;Era muy &#8216;timbero'&#8221;, recuerda para resumir lo que encontr\u00f3: un funcionario que usaba dinero de la UNT para financiarse algunos d\u00edas de ruleta en Mar del Plata. &#8220;Yo era amigo de todos, pero una cosa es la amistad y, otra, aceptar las cosas mal hechas&#8221;, reflexiona. Otro caso similar fue el resultado sorpresivo de la excursi\u00f3n a Alemania para adquirir una bomba de cobalto, instrumento que sirve para tratar los tumores cancerosos y que funciona en el Centro de Salud de la capital desde 1961. &#8220;Cuando abrimos la bomba, \u00a1descubrimos que los enviados de la universidad hab\u00edan guardado all\u00ed sus compritas en Europa! \u00a1Qu\u00e9 papel\u00f3n!&#8221;, exclama divertido.<\/p>\n<p>Mientras otros aprovechan sus peque\u00f1os poderes en beneficio personal, Somaini se entrega a expandir la UNT. Esa obsesi\u00f3n detona tras la recuperaci\u00f3n del orden democr\u00e1tico, cuando Virla lo convoca a trabajar como secretario de Extensi\u00f3n. En ese momento, el farmac\u00e9utico ya es un exponente nacional de la cultura cooperativista gracias a su actuaci\u00f3n en el nacimiento y desarrollo de Cofaral; sin embargo, Somaini se las ingenia para combinar sus distintos intereses y actividades, y asume en cuerpo y alma la tarea que le da el rector: pensar el \u00e1rea desde cero.<\/p>\n<p>De esa libertad inmensa y de esa cabeza ambiciosa nacieron \u00f3rganos de incuestionable relevancia como el Instituto para la Integraci\u00f3n y el Desarrollo Latinoamericano (Idela); el Departamento de Educaci\u00f3n Infanto Juvenil; la Orquesta Juvenil Universitaria y los talleres para el personal de Construcciones Universitarias. Su gran obra, sin lugar a dudas, fue formalizar los cursos de Educaci\u00f3n Permanente para Adultos Mayores (EPAM) que hab\u00eda proyectado la profesora <b>Mar\u00eda Teresa Bernasconi<\/b>. Esta instituci\u00f3n extraordinariamente ben\u00e9fica para Tucum\u00e1n se nutri\u00f3 en parte de la bronca que invad\u00eda a Somaini cada vez que este se topaba con un jubilado desocupado. Con un gesto de aprensi\u00f3n, reconoce: &#8220;me molestaba verlos perder el tiempo en un banco de la plaza&#8221;.<\/p>\n<p><b>Cuento de hadas <\/b><\/p>\n<p>La gesti\u00f3n sobresaliente en Extensi\u00f3n no apaga su deseo de contribuir al crecimiento de la UNT. En 1993, el entonces rector <b>C\u00e9sar Catal\u00e1n<\/b> le encarga la direcci\u00f3n de un instituto que \u00e9l hab\u00eda estructurado, el Centro de Elaboraci\u00f3n y Estudios Farmac\u00e9uticos.<\/p>\n<p>Lo que sigue bien podr\u00eda ser catalogado como un cuento de hadas: Somaini comienza a trabajar con un presupuesto de $ 600, casi sin materias primas ni herramientas, y diez a\u00f1os despu\u00e9s exhibe un vadem\u00e9cum de 44 drogas, una facturaci\u00f3n mensual de $ 30.000 -s\u00f3lo- al Instituto de Previsi\u00f3n y Seguridad Social de Tucum\u00e1n, y un edificio propio de 800 metros cuadrados. Y lleva adelante esa administraci\u00f3n incre\u00edble con 80 a\u00f1os (se retir\u00f3 del centro hace poco m\u00e1s de un lustro) y el convencimiento de que la UNT necesita independencia presupuestaria para garantizarse a s\u00ed misma un futuro acorde con su pasado.<\/p>\n<p><b>Lejos de Honolulu <\/b><\/p>\n<p>El curriculum de Somaini corta el aliento. Su vida gener\u00f3 material de sobra para un libro que, en \u00faltima instancia, deber\u00eda desarrollar la historia de un hombre que veng\u00f3 su desgracia personal con compromiso social y democracia. Esa tragedia ocurri\u00f3 a las dos de la madrugada del 22 de abril de 1977, en plena dictadura militar, cuando un grupo de hombres vestidos de civil y armados descendieron de tres veh\u00edculos; entraron en la vivienda de la pareja de farmac\u00e9uticos y se llevaron (para siempre) a uno de sus tres hijos, el publicista <b>Ricardo Daniel Somaini<\/b>.<\/p>\n<p>Estaba en su naturaleza, pero aquel hecho doloros\u00edsimo quiz\u00e1 lo haya empujado a\u00fan m\u00e1s a fabricar remedios comunitarios. En ese af\u00e1n, Somaini se enfrent\u00f3 con el lucro que contamina la salud denunciando las pr\u00e1cticas comerciales abusivas de la industria farmac\u00e9utica; aprendi\u00f3 que los proyectos con fondos p\u00fablicos exigen un control m\u00e1s que riguroso, y concluy\u00f3 que la corrupci\u00f3n empieza por los que est\u00e1n en la cima del poder y termina en el inspector de tr\u00e1nsito. Hizo del optimismo una forma de ser y estar en sociedad, como surge de este comentario publicado en 1997: &#8220;si no tuviese esperanza en la humanidad, estar\u00eda vendiendo empanadas bajo una palmera en Honolulu&#8221;.<\/p>\n<p>Mientras espera que su nieta lo releve en el laboratorio del negocio de Villa 9 de Julio, el hacedor sigue con preocupaci\u00f3n los efectos del envejecimiento de la poblaci\u00f3n y se pregunta c\u00f3mo hacer para mejorar el sistema de farmacias de turno que, tal y como est\u00e1 establecido, obliga a los vecinos de todos los rincones de la ciudad a trasladarse al centro durante la noche y los d\u00edas no laborables.<\/p>\n<p>Somaini es inmune al abatimiento. Cualquiera dir\u00eda que no conoce la paz, pero la tiene en abundancia. Como muchos (o todos) alguna vez, quiso cambiar el mundo que le toc\u00f3; como pocos, se hizo cargo de aquella inquietud inc\u00f3moda y lo cambi\u00f3.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.lagaceta.com.ar\/nota\/563801\/salud\/fabricante-remedios-para-cambiar-mundo.html\" target=\"_blank\">La Gaceta 13-10-13<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El farmac\u00e9utico Somaini dedic\u00f3 su vida a la UNT y al cooperativismo, e hizo viagra visa lo que se propuso sin sacrificar los ideales de juventud. Su obra vale para homenajear a los farmac\u00e9uticos en su d\u00eda. Una m\u00e1quina de hacer. Un creyente de la rectitud. Un farmac\u00e9utico abnegado. 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